¿Decirle? ¿La verdad? No, no estaba lista, no todavía, o puede que sí y solo sea mi miedo hablando en mi cabeza, diciendo que no es así. ¿Dónde quedó mi confianza en ella? ¿Dónde quedó esa relación donde le contaba todo y confiaba en sus decisiones con los ojos cerrados? Ya me acordaba: en la bala en su cabeza, ahí había quedado. Ella era MI Francesca, MI amore, era simplemente ella, y aún así, no podía confiar realmente en que me aceptara, en que (como en antaño) estuviera de acuerdo con esto y éste mundo, no solo sin preocupaciones, sino también con entusiasmo, con esa sed de riesgo y aventura que la llevó a involucrarse conmigo en esto en primer lugar, en aquellos lejanos tiempos del secundario. ¿Cómo tirarme ahora de cabeza a la pileta de la sinceridad, si no estoy seguro de si las

