Kamal no estaba acostumbrada a regaños, tampoco a felicitaciones. Uno pensaría que ser rey es vivir con lluvias de aplausos, de aplauso, en su lugar, era un trabajo solitario en el que la familia podía despertar un día con ganas de asesinarlo, con sed de poder, con sus propios sueños para el territorio en el cual invertiste tu tiempo, tu atención y tu vida. Leonel, por su lado, había sido estudiado toda la vida, su comportamiento, gestos, la gente siempre le observaba en espera de algo diferente para hacer públicos los dolores y los miedos de su familia. Los dos hombres tenían mucho en común, más de lo que se imaginaban y Gabriela entendía que los dos amaban de una forma única y especial a Layla, entendía las razones por las cuales ambos reaccionarían al otro como si fueran el peor enem

