Kamal se encontró a su esposa acostada en el suelo del baño. Layla estaba consciente, despierta, pero se veía más cansada que nunca, justo como cuando escapó de las garras de su hermano. Él se acostó a su lado y le tomó la mano. Los dos compartieron una mirada en medio del silencio y el frío de las baldosas, hasta que estas se calentaron. Kamal, quien es más afectuoso y táctil, jaló un poco de su esposa y se acercó un poco más. La rodeó con sus brazos y le besó en la frente. —Eres mejor reina que yo —comentó Kamal. —Yo fui criada para ser una dictadora, tú un rey democrático en medio del desierto, es obvio que mis técnicas son mejores. —Sí, mañana puedes quemar el pueblo vecino y apoderarte del palacio. —En realidad, eso es lo siguiente en mi lista y necesito el apoyo de mi marido —res

