Layla va al salón donde Aslan espera pacientemente por su destino. Ella lo observa, y no parece intimidado, nervioso o preocupado. Enciende el televisor y le muestra las noticias, en las cuales una guapa presentadora local explica al pueblo las atrocidades que han vivido cada uno de los miembros de la familia, además del acto malicioso que él ha planeado. Aslan escucha incrédulo todas las cosas que hizo y las que Layla se inventó, pero lo que más le preocupa es que lo han declarado fugitivo. Todos escuchan en la casa las noticias y, a pesar de lo mucho que querían a sus bebés cómodos en la cama, los cuatro adultos esperan y ven con atención a Layla, quien está colocándose una venda en las manos. La mujer con paciencia se protege y pide a sus guardias que le traigan la caja con el oro, lo

