Layla pasó orinando toda la noche y, por supuesto, despertó a Kamal. Su esposo la escuchó quejarse casi toda la noche con respecto a las incomodidades del embarazo. Layla se sentía grande, incómoda, asustada y aparentemente el papel higiénico estaba irritando su parte más sensible. Él observó a su mujer divertido y le acarició el rostro. Los dos se miraron, sus ojos se encontraron y Layla puso su mano sobre la de Kamal, la tomó y besó sus nudillos. —Kamal, te estás poniendo tonto y nuestros hijos me han tenido que dormir. —Estoy ganando. —Tú volverás con ella, en el momento en que Selene te llame y te diga que quieres regresar, volverás con ella. —No creo que Selene quiera regresar conmigo nunca. —Creo que no estás esforzándote porque quiera. —No quiero amor rogado o forzado, quiero

