Layla iba caminando por su habitación cuando vio una especie de balcón. Tomó asiento y se quedó mirando la noche en silencio; la fiesta parecía haber acabado y escuchó desde la habitación de al lado una pelea bastante familiar. — ¡No puedo entender por qué siempre me tienen que avergonzar!—Se queja Érica a gritos. — Mamá... — ¡Mamá ni mierda! Los tres, estoy cansada, estoy cansada de los tres. Paulina, como el 60% de las mujeres en el mundo, que son infieles me quedé. Leonel, tu papá hizo exactamente lo que tú haces, la diferencia es que no estabas casado. Tu majestuosa novia le fue infiel a su marido, el rey guapísimo, contigo, así que las infidelidades no te molestan tanto. Lo de ustedes tres consiste en avergonzarme y estoy harta de llevar palo. Ustedes dos por si acaso, guárdense la

