Leonel y Layla sentían que no había pasado un segundo desde la vez que estuvieron juntos casados; sin embargo, no planeaban perder tiempo en hablar sobre lo que habían estado haciendo durante los últimos meses. Cuando tenían una luna de miel pendiente, Leonel cargó a Layla hacia su cama con toda la intención de hacerle el amor. Su primer instinto era el más salvaje y apasionado posible; sin embargo, el embarazo múltiple que crecía dentro de su esposa le recordaba lo vulnerable que podía ser. Los dos compartían la misma pasión y necesidad por el otro. Leonel besó cada rincón de su cuerpo, exploró cada centímetro de sus puntos de placer y vio a su mujer deshacerse en placer. Layla no quería escuchar más promesas, mentiras a medias o cosas que no podrían cumplir. La princesa se duchó tempr

