Llevo alrededor de unas tres o cuatro horas en la habitación de un hotel, lo sé por qué puedo ver el amanecer a través de la ventana. Esto empieza a preocuparme. No tengo celular, ni forma alguna de llamar a nadie. Ni siquiera la habitación tiene teléfono. Suspiro frustrada ante la impotencia y la rabia que siento. Me encuentro dando vueltas en círculos por toda la habitación, hasta ahora no he visto a nadie, solo al cavernícola que cuida mi puerta. Si sigo así, haré un hoyo en el suelo. No me han hecho daño, mas bien esperan que este dormida ahora mismo. Estoy muy confundida y aterrada de lo que pueda pasar. La puerta se abre de golpe y observo la figura de Sergey entrando ferozmente. -¿¡Qué demonios estoy haciendo aquí!? – grito con rabia. Se abalanza sobre mí, haciéndome caer e

