Malika. Maldita sea, estoy nerviosa. ¡Las manos me están sudando y el puto aire acondicionado está encendido! Cameron lo que hace es buscar las llaves del auto con cara de espanto mientras yo apoyo mi cuerpo de la encímera para no caer de bruces al suelo por el mareo que hace que mi cabeza de vueltas y más vueltas. —¿Estás segura de que...? —¡Que sí, joder! —exclamo, mordiendo el interior de mi mejilla. —Venga, vamos —me dice al mostrarme las llaves. Salimos de la casa, Franchesca aparece justo cuando estoy cerrando la puerta. —¡Buenos días, alegría! Ninguno de los dos le contesta, yo termino de pasarle seguro a la puerta y Cameron se sube al Mercedes. —Ay, pero yo no dormí con vosotros. ¿Por qué traéis esas caras? —Lo siento —voy hasta ella y le doy un beso en la mejilla—. Es que
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