Cameron. Espero pacientemente dentro del auto a que Malika se despida de sus padres durante el tiempo indefinido que me carcome hasta la médula. Repiqueteo los dedos sobre el volante, soltando suspiros entrecortados. Intento eludir el sentirme mal por lo que ocurrirá dentro de unos minutos, pero los latidos desenfrenados de mi corazón me traicionan. Siento una mano apretar mi hombro, más no volteo, prefiero continuar naufragando en el mar de pensamientos pesimistas que ahoga mi positivismo. ¿Y si tardan años en eliminar a la segunda personalidad porque es muy fuerte? ¿Y si queda internada permanentemente? ¿Y si los tratamientos con muy dolorosos? Me jode la idea de no poder tranquilizarla con abrazos en la madrugada, tal y como lo hacía todas esas veces que despertaba con pesadillas tét

