Ahora resulta que eres niñera y cantante

1128 Palabras
Entro en la mansión y me dispongo a ir a mi habitación. Pero la voz de mi madre me detiene. — Cariño, ¿en dónde estabas? — ¡Madre! Tú siempre asustando, pareces un fantasma, no dejas esa costumbre. — ¿Y tú sigues faltando el respeto a tu madre? ¿Eso te enseñé, Maskyn? — pregunta Hailey. — ¡Jajaja, lo siento, madre! — ¿De dónde vienes, hijo? — Estaba dando unas vueltas. ¿Y Dulce María? — Ya duerme, cariño. Como tu hermano está de luna de miel, se quedará una semana más. — Déjalos, madre, que disfruten. Tú más que nadie sabes que uno necesita su momento de pareja. — ¡Y yo concuerdo contigo! Mi preocupación es que Emma tendrá dos bebés y eso no es fácil. — Esa Emma es una roca, no siente. — Tenías que ser hombre, testarudo. Aún no me has dicho ¿dónde estabas? Aquí no me muevo y tú tampoco hasta que no me lo digas. — Mamá, ya te dije, haciendo unas vueltas. — ¿Tienes novia? — ¡No, mamá, qué va! Nada que ver. — Eso decía tu hermano. — Él y yo somos muy diferentes, así que no. Aunque soñar no cuesta nada. Me iré a dormir. — Eres un mal hijo. — Sabes que no, te amo, madre. — ¡¡Tonto!! Te aprovechas de que te amo. — Jajaja, no madre, me marcho, tengo sueño. — Dulces sueños, mi amor. Pero ven, dale un besito a tu madre. — Ay, mamá, ¿no crees que ya no estamos para eso? — Te he dado una orden. Maskyn asiente y con una sonrisa se acerca a su madre Hailey y le da un beso en la frente. — Dulces sueños, hijito. — Igual, madre. Subo a mi habitación. Mi madre es santa para mí, mejor madre en esta vida mis hermanos y yo no pudimos tener. Incluso no, no la merecemos. Como hijos le hemos faltado a ella, pero aun así ella nos ama. Me despojo de la ropa y me doy un baño. Necesito entretenimiento. Termino de bañarme y salgo del baño para agarrar mi teléfono y hacer una videollamada con la actriz que tanto me gusta. Es increíble la experiencia de esta mujer, me gusta hacer este tipo de cosas con ella, sabe lo que hace y lo que me gusta. Ya aliviado, me acuesto a dormir... Al día siguiente... Maskyn despierta a las 6:30 am. Ya es costumbre para él despertar automáticamente a esa hora, aunque hay veces en que duerme más tiempo, pero es por el cansancio. — Hoy tendré un buen día, lo presiento — dice Maskyn hablando solo. Sale en ropa deportiva, sudadera y una camisa esqueleto. Va al área de hacer ejercicio y ahí está su hermana Channel. — Cómo estás de buena, Channel. — Maskyn, qué costumbre, no hacer ruido cuando entras. — Tú siempre de miedosa. — Hermano, ¿crees que mi cuerpo está bien? — Sabes que si no fuera así ya te lo hubiera dicho. ¿Por qué lo preguntas? — ¡¡Nada!! Olvídalo. Últimamente quisiera tener una relación seria. — ¿Tú? Pobre del que esté contigo. — Idiota, ¿viniste a fastidiarme o a hacer ejercicio? — Las dos cosas. — Huiss, no te soporto. — Me amas, sin mí te mueres. — En tus sueños, idiota. — Ah sí, ¿y quién es el que te ha salvado el pellejo? — Más bien haz ejercicio, a ver si desayunamos en familia. Maskyn se ríe maliciosamente. Ambos hermanos terminan su jornada de ejercicio y salen sudados, cada uno a su habitación para desayunar. Al poco tiempo llega Maskyn al comedor y ya Channel estaba comiendo. — Hijo, qué bueno verte — dice el señor Arturo. — Buen día, padre. ¿Para qué soy bueno? — Necesito que me ayudes, hay unas tierras que tengo y necesito chequearlas. ¿Me acompañas? — Padre, de hecho, tengo asuntos que hacer hoy. — ¿Cómo cuáles? ¿Ir a tu vida de vago? — dice el señor Arturo enojado. — Querido, estamos desayunando — dice Hailey. — Papá, si eso es lo que tú piensas de mí por no haber seguido tus pasos, no lo voy a discutir contigo — dice Maskyn serio. El señor Arturo da un golpe con su mano en el comedor, haciendo exaltar a Channel y a Hailey. — Me voy — dice Maskyn porque ya sabe que su padre va a empezar a discutir. — Tú no te vas a ningún lado. — Padre, no quiero discutir contigo. Voy a ver a mi sobrina y luego tengo cosas por hacer. Si al menos confiaras un poco en mí, quizás tú vieras más paz. — Entonces, ¿por qué no me hablas claro, Maskyn? — habla en voz alta el señor Arturo. — ¡¡Basta los dos!! No es el momento, cuando se va a comer, se hace con respeto y en armonía, Arturo y Maskyn — dice Hailey molesta. — Por eso es que nuestros hijos no obedecen, porque tú los consientes y yo siempre soy el malo — dice Arturo molesto a Hailey. — No puedo creer que me estés diciendo esto, Arturo — Hailey se puso de pie y se marchó a su habitación, siente que las lágrimas se le van a salir. — Hailey — grita Arturo, pero es inútil, ella ya se fue. — Huy, papito, esto te va a salir caro — dijo Channel. — Cállate, Channel — la regaña Maskyn. — ¡Maldición! — dice Arturo y se pone de pie. — Tú y yo, Maskyn, vamos a hablar, ¿entendido? Dicho esto, Arturo se fue hacia donde está su esposa. — ¿Por qué no le dices la verdad y ya? — Porque no me gusta que se metan en mi vida, Channel, así que calladita o les cuento a nuestros padres de tus maldades. — ¡Más de las que tú y Charles han hecho, no! — Pero en una mujer esas cosas se ven mal y no creo que quieras que nuestro padre ya no te vea como su angelito consentida. Mejor me voy a ver a mi sobrina — dijo Maskyn y se marchó al jardín. Él trata de respirar profundo para no llegar con amargura a Dulce María. Desde una distancia ve a Johana, la niñera de Dulce María, cantándole a la bebé. Maskyn se acerca en totalidad. — ¡Buenos días! — Oh, buenos días, señor Maskyn — dice ella con respeto. — Ahora resulta que eres niñera y cantante. Johana se puso avergonzada. — Señor, ¿le importa si le dejo a Dulce un momento? Necesito hacer algo — dice ella nerviosa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR