Marcia siente pena, si eso de ver qué tanto odia a Maskyn y tiene sexo con él de esa manera. Aún que no lo va a negar, fue delicioso. Ella se queda en silencio, presenciando todo. — Entonces, Marín Asghar, ¿hacemos negocio? — Eres un putito, me diste en mi punto débil: "las mujeres". — Bueno, ese también es mi punto débil. — Quiero a esta gitanita para mí —dijo el árabe, mirando a Angélica. — Lo siento, querido. Pero no estoy en venta —dice Angélica con voz seductora. — Te doy dos piezas de oro —dijo el árabe. Hizo una seña a su guardia de confianza y este trajo una pequeña maleta negra. El árabe la abrió mientras su empleado la sostiene y saca las dos piezas de oro. Los ojos de Angélica se le iluminaron. — Te daré una noche entera, árabe, y traeré a mis mejores mujeres. Vas a tene

