Capítulo 9: Cuestión de principios.

1063 Palabras
No quise viajar al futuro, no le vi sentido porque sabía que Kraneo no les iba a perdonar la vida, así que no quise ver ni siquiera ese escenario, él no entendía realmente cómo funcionaba mi poder, así que se lo expliqué, y le dije que por favor solucionáramos las cosas de buena manera. -       Lo que te puedo creer es que Antony le daría una mala vida a Ludovika, pero no permitiré que la asesines, eso no tiene sentido, ella merece vivir. -       Hablas más de ella que de su padre, parece que tu amo en realidad no es Richard, después de todo. -       Mi amo es Antony, Kraneo. -       Entonces deja de proteger a ésta gente, y déjame hacer mi trabajo, no interfieras en los objetivos del ejército. -       Si eso es lo que quieres, deja de amenazar la vida de mi mujer. -       Eso explica muchas cosas, pero lamento tenerte que dejar viudo hoy. Gordor noqueó a Goldeye, y le encerró la cabeza con una esfera de metal de alta resistencia, para que no pudiera ver a nadie y activar su poder, y llegó rápidamente a donde yo estaba, y vio a Kraneo herido y aprovechó para atacarlo, pero eso lo enfureció más, y activó sus cuchillas, corriendo tras de mi hermano inmediatamente para matarlo. Yo regresé el tiempo y tomé por el brazo a Dorgor, y le llamé la atención. -       Gordor, no hagas esto, Kraneo está herido, pero es suficientemente fuerte como para matarte, por favor no me hagas ver a un colega y a mi hermano tratar de matarse. -       Lo mismo se decía de Goldeye, que era demasiado fuerte, y allá lo tienes, con los pies fundidos y la cabeza encerrada. Déjame ahora sacar de combate a éste, dudo que sea más fuerte que el mago de oro. -       No subestimes lo que ese tipo puede hacer con sus cuchillas, yo he entrenado con ambos, y no tienes idea de lo fácil que mata éste sujeto con sus dos filos. -       Entonces déjame comprobarlo, cree en mi Roy, he estado entrenando, todos los días, de sol a sol, no quiero que nunca más alguien me vuelva a humillar como ocurrió en el laboratorio ese día. -       No entrenamos por orgullo, hermano, entrenamos para proteger a los que amamos, como Eliseo, y ahora para liberarlos, como yo. -       Tu mayor miedo debe ser no poder protegerme a mí o a nuestra madre, no que un tipo más fuerte te haga lamer el suelo. -       Independiente de mi motivación, mi incremento es útil para tus planes, así que déjame motivarme con lo que a mí me plazca. -       Es importante ser fuerte, pero es más importante tener claros tus principios, si sigues viviendo con esa mentalidad vacía, un día le perderás el sentido a la vida, Dorgor. -       Pero ese día aún no ha llegado. -       El poder no lo es todo, yo sé por qué te lo digo. Sabía perfectamente las razones que respaldaban mis palabras, yo me había convertido en un tipo prácticamente invencible, y ya sabía que eso no debía ser un fin, sino un medio para perseguir algo más grande. Lo había hablado antes con Ludovika, a quien visitaba durante mis tiempos libres en el ejército, escabulléndome a la mansión Dorme, en donde ella estaba de noche, encerrada en su habitación. Solía despertar a Gordor, para que me ayudara a abrir las puertas de su habitación, que estaban reforzadas como una caja fuerte, pero mi hermano las alteraba de manera temporal, para hacerlas más livianas y poder entrar en su cuarto. Cuando estaba con Ludovika, me sentía comprendido por alguien, muchas veces hablábamos de mis sueños, y se convirtió en la primera persona en brindarme el ambiente propicio para contarle acerca de mi poder, incluso antes que mi hermano, porque me permitía sentir una paz a su lado, que en ninguna otra parte del mundo existía. El mundo allá afuera era un auténtico caos, pero Ludovika en mis brazos era todo lo que yo necesitaba para sentir que, después de todo, el mundo aún era un lugar que valía la pena hacer mejor. Gordor se quedó mirando a Kraneo, con totales intenciones de atacarlo, en sus ojos veía el deseo de enfrentarlo, como si necesitara acabar con todos los mejores hombres de Antony, como si eso de alguna manera le diera tranquilidad en su mente, en verdad lo que había pasado con Enzo le había traumado, le había hecho ver la realidad del poder existente en el mundo. Kraneo insistía en acatar las órdenes que se le habían dado, era realmente obediente a Antony, pero nunca entendí por qué cumplía las órdenes de su amo de manera tan estricta, pero parecía incluso que hacer la voluntad de su amo le generaba placer. Todo parecía ya inevitable, Kraneo trataba de atacar una y otra vez al cubo donde estaban encerrados los Dorme, y      Gordor lo anulaba una y otra vez, mientras lentamente se iba cortando con sus cuchillas en pequeñas heridas, y trataba de evitar que el cubo se rompiera, pero ya estaba agotado, pues derrotar a Goldeye no había sido tarea simple, y pese a que Kraneo se encontraba herido, su voluntad le mantenía de pie, como si estuviera ileso. Yo traté de mantenerme al margen, porque si intervenía a favor de mi hermano, me acusarían de traicionar a Antony y sería catalogado como criminal; y, por el contrario, si no estaba tampoco dispuesto de ninguna manera a inclinar la balanza a favor del potencial asesino de Ludovika. Kraneo no tuvo mayor problema para derrotar a Gordor, aunque no era tan fuerte, su resistencia nos superaba por mucho a cualquiera de nosotros, pero de repente vi cómo lo mató, y retrocedí en el tiempo para evitarlo, sujetando sus cuchillas en el momento justo antes que tocara el cuello de mi hermano, y sintiendo ahora sí, una ira inconmensurable, pues, si había sentido rabia al verlo asesinar a los Dorme, lo que me había producido verlo matar a mi propia sangre, a una de las dos personas que amaba con mi vida entera, fue algo sin precedentes. -       Aleja tus putas cuchillas de mi hermano, y admite que disfrutas matar, y por eso insistes tanto en hacerlo cuando se te ordena, es por eso que te entusiasma tanto que Antony te pida matar a alguien.
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