CAPITULO I: NUBES DE TORMENTA (primera parte)

3197 Palabras
- Hola mis amores – Victoria ingresó a la cocina de su casa, la misma en la que había crecido, y se encontró con sus hijas preparando la cena, saludó a cada una con un beso – que rico huele – dijo al percibir el aroma - ¿papá ya llegó? - No – dijo la mayor, una niña más alta que su madre, de piernas largas y figura estilizada, cabellos rubios ceniza, lacios y ojos grises – seguro está en camino – le dijo con una sonrisa. - ¿Qué hace mi bebita hermosa? – la mujer se acercó a su hija de cinco años, hablándole como a una bebe, la niña la observó elevando una ceja y antes que su madre la abrazara le respondió. - La ensalada – dijo altanera - ¿no se nota? – preguntó con sarcasmo señalando el recipiente con verduras que preparaba, la mujer frunció los labios sin saber que decir, así que solo sonrió. - Me voy a cambiar – dijo y subió a su habitación, definitivamente sus hijas eran muy independientes y maduras para la edad que tenían, y no sabía si eso era bueno o malo. Entró a su inmenso vestidor y se quitó el traje que llevaba para ponerse más cómoda, cuando se encontraba en ropa interior su marido ingresó. - Así da gusto volver a casa – dijo Valentín observándola de manera libidinosa al tiempo que la sujetaba por la cintura y besaba su cuello. - ¿Cómo estuvo tu día? – le preguntó soltando un pequeño gemido por las caricias y besos que comenzaba a recibir. - Acaba de mejorar – le dijo girándola para quedar frente a frente - ¿el tuyo? – le preguntó rozando sus labios. - Acaba de volverse perfecto – le dijo de la misma forma y se besaron de una manera intensa y pasional – la cena casi esta – dijo ella entre jadeos mientras él la levantaba del suelo para que lo rodeara con sus piernas. - Tenemos media hora – dijo sin dejar de repartir besos en su cuello – me alcanza – la colocó contra una pared y luego de acomodarse ingresó en su intimidad, haciéndola gritar de placer. Terminaron en el preciso momento que su segunda hija los llamaba para comer. - ¡Par de pervertidos bajen a cenar! – gritó Alicia desde el pasillo, había tenido la mala suerte de escuchar los gemidos de sus padres, y a pesar de que ya era algo normal, le seguían desagradando, no entendía como después de tantos años juntos y de la edad que ambos tenían, siguieran con la libido de un par de adolescentes, los padres de sus amigos no eran así. Bajó corriendo las escaleras para contarle a sus hermanas lo que sus progenitores estaban haciendo – no entiendo cuándo van a comenzar a actuar como padres normales – dijo sentándose en su lugar, Alicia era una niña de cabellos color miel, largos, ni lacios ni ondulados, ojos verdes, estatura promedio y se divisaba que tendría un hermosa figura al culminar su desarrollo, ella tenía 12 años y era la segunda de seis hijas mujeres. - Yo creo que es genial – dijo un niña rubia como el sol y ojos celestes, Emilia de 10 años, que ya alcanzaba en altura a su hermana – así no se van a engañar, porque cuando en un matrimonio se acaba la pasión comienzan las infidelidades y después el divorcio. - Yo no quiero que se divorcien – dijeron al unísono las mellizas de 8 años, ambas de cabello n***o y ojos grises, heredados a su padre – me gusta tenerlos a los dos – Matilda continuó, y su copia idéntica asintió. - Esos dos no se van a separar nunca – dijo la mayor Elena – no pueden vivir el uno sin el otro. - ¿Quién no puede vivir sin quién? – Valentín ingresó al comedor tomado de la mano con su esposa, ambos sonreían y se miraban enamorados. - Vos sin mamá y viceversa – respondió Elena, los adultos sonrieron. - Es totalmente cierto – dijo el hombre y ambos se ubicaron para comer lo que sus hijas habían preparado – gracias por prepararnos la comida – dijo a su hija mayor. - Yo ayudé – habló la más pequeña de la familia, Candela que al igual que Emilia era rubia como el sol, solo que sus ojos eran verde oliva, muy grandes e intensos – hice la ensalada y el puré. - Y están deliciosos – dijo su padre luego de degustar ambas guarniciones. - ¿Cuándo vuelve Amparo? – preguntó Alicia en referencia a la mujer que ayudaba en las tareas del hogar, principalmente la cocina y el lavado de ropa. - La semana que viene – respondió Victoria – mañana cocino yo – dijo y sus hijas se miraron – no lo hago tan mal – se defendió y toda su familia rió. - No lo haces mal, pero la cocina queda un desastre después y nosotras tenemos que limpiarla – dijo Emilia – no entiendo como haces para ensuciar todo. - Mis platillos necesitan mucha preparación – dijo la mujer orgullosa - ¿Qué tal la escuela? – preguntó antes que siguieran burlándose de su comida. - Muy bien – Elena habló – obtuve un diez en historia por mi trabajo y en el oral de geografía. - Felicidades mi amor – Valentín le habló con una sonrisa llena de orgullo. - Yo no obtuve ningún diez pero no me metí en problemas – Alicia habló sin mostrar interés alguno. - Eso es muy importante – dijo Victoria, recordando lo mucho que a ella misma le costaba no meterse en problemas cuando iba a la escuela - ¿y vos amor? – preguntó a Emilia que miraba atentamente su plato, la niña miró a sus padres sonriendo y de su silla sacó un cuaderno de notificaciones que extendió a Valentín. - No fue mi culpa – dijo seria mientras el mayor leía la nota que el director le había enviado, tenía el rostro serio, todas lo miraban atento. Al terminar cerró el cuaderno y observó a su mujer. - Esta suspendida por una semana – dijo y Victoria abrió los ojos y la boca por la sorpresa – dice que encerró en un casillero a un chico de otro curso y lo dejó todo el día allí, lo encontraron esta mañana – Victoria intentaba no reír, y Valentín igual, ellos mismos habían hecho esas cosas en el colegio pero ahora era el momento de ser padres – la próxima la expulsan. - No puedo creerlo – dijo Victoria con un tono indignado, tan falso que nadie se creyó - ¿a quién encerraste? – preguntó intrigada y demasiado interesada, Valentín la regañó con la mirada y regresó a su postura de madre enojada. - A un idiota que va un año más que yo – dijo la niña fingiendo pesar, había heredado los dotes de actuación y manipulación de su madre – el me besó a la fuerza y se lo contó a todo el colegio – mintió para ablandar a su padre, el niño simplemente se había burlado de ella por los brackets que llevaba en sus dientes y ella lo había encerrado, haciendo que pasara toda la noche en un frío y oscuro casillero, Valentín al escucharla golpeó la mesa indignado. - ¿Cómo se llama? – Preguntó molesto - ¡voy a matarlo! – Victoria entendió que todo era una mentira de su hija para que no la regañara así que calmó a su marido. - Amor – le dijo sujetando su mano – son cosas de chicos, además Emilia ya lo puso en su lugar, no podes golpear a un chico de 11 años. - Pero la besó – dijo indignado. - Y ella lo encerró toda la noche en un casillero, su trauma va durarle por años, así que ya está – dijo la mujer, su hija le sonrió en agradecimiento y Valentín se relajó un poco - ¡Bien hecho! – felicitó a Emilia. - ¿Bien hecho? – Elena se puso de pie y encaró a sus padres – acaban de suspenderla por ser una abusiva y ustedes la felicitan ¿Cuál es su problema? – Los adultos la miraban sorprendidos – tienen que castigarla – Emilia se molestó – a todas tienen que castigarnos si nos portamos mal, no felicitarnos. - Se estaba defendiendo – dijo Victoria – eso es algo bueno. - Mamá – la regañó – Emilia tiene un enfrentamiento todas las semanas, algunas veces solo porque alguien la miró de una forma que a ella no le gustaba, todos en el colegio le tienen miedo – Valentín sonrió orgulloso – ¡no es algo para sentirse orgulloso! – Golpeó la mesa – yo tengo las mejores calificaciones, toco a la perfección el violín, gané todos mis concursos de equitación – suspiró – sin mencionar que casi nunca van a un recital o una práctica – y lo único que obtengo es ¡bien hecho mi amor! – imitó a su padre. - Alguien esta celosa – dijo Victoria divertida. - ¡No estoy celosa! – gritó sobresaltando a todos – solo quiero que ustedes actúen como adultos responsables, como nuestros padres y no como dos adolescentes libidinosos – se retiró enojada a su habitación. - Tiene carácter la nena – dijo Valentín, pero solo su esposa rió. - Elena tiene razón – Alicia habló, pero calmada – los padres de mis amigos no son como ustedes, a mí me da vergüenza invitar a alguien en casa porque siempre está el riesgo de que los escuchen teniendo sexo o que se aparezcan en ropa interior frente a nosotros – dijo en referencia a las veces que su padre hacia acto de presencia luciendo su trabajado torso desnudo frente a sus amigas, o que su madre se paseaba en traje de baño – deberían ubicarse un poco más en la edad que tienen – y se retiró también. - ¿Alguien más quiere aportar algo? – dijo Valentín a sus otras hijas. - En mi opinión son geniales – dijo Emilia – sigan así – y luego de besar a cada uno se retiró. - ¿Ustedes? – preguntó a las mellizas que se miraron entre ellas. - Sin comentarios – dijo Manuela seria, ambas se despidieron de sus padres y se retiraron. - ¿Bebe? – le preguntó a su hija menor que los observaba con el ceño fruncido. - Elena y Emilia tiene razón – dijo bajándose de su silla con algo de dificultad – mañana tienes que ver a mi maestro – le avisó a su madre que asintió – tenemos que salir a las nueve – y se fue, los dos mayores se quedaron en silencio unos segundos y luego se miraron. - ¿O sea que somos malos padres? – preguntó Victoria, Valentín negó con la cabeza. - No – dijo comenzando a recoger la mesa – somos como todos los padres, acertamos y nos equivocamos, pero nuestras hijas son geniales así que supongo que lo hacemos bien. - Si lo vemos de esa manera – dijo su mujer mientras se preparaba para lavar los platos, Valentín la abrazo por atrás – estas mimoso hoy – dijo divertida. - ¿Te molesta? – le preguntó sin soltarla. - Sabes que me encanta – respondió con una sonrisa - ¿todo bien en la reunión? - Si – dijo comenzando a correr su cabello para tener acceso a su cuello – Lucas dijo que todo estaba bien, así que todo está bien – Victoria rió – no voy a leer informes mi amor, no lo hago en mi compañía menos en la tuya. - Ya se – dijo ella – a mí tampoco me gusta, por eso te dije que fueras hoy, Abel se pone insoportable cuando no leo sus preciosos informes. - Cada día que pasa se pone más pesado – dijo él, ninguno dejaba su tarea de lado – supongo que Mili no lo está atendiendo muy bien. - ¿Y cuál es tu excusa para ser un pesado entonces? – le preguntó con picardía, él le mordió el cuello suavemente. - No sabía que era un pesado. - Eres un pesado, celoso, posesivo y controlador – dijo ella divertida – pero así te amo. - Que bueno saberlo – dijo fingiendo estar ofendido – Amor – le dijo en un tono meloso. - Si – dijo ella. - ¿Te gustaría que intentáramos con el varoncito? – Victoria se giró para mirarlo a los ojos. - A mí me encantaría – dijo pasando sus manos alrededor del cuello de su esposo – pero pensé que no querías arriesgarte a tener otra mujer – el elevó los hombros. - Ahora estoy seguro de que lo hacemos – dijo serio – mi sexto sentido me dice que el séptimo es el vencido – ella rió divertida. - Si tu sexto sentido lo dice – dijo – lo hagamos – Valentín la levantó del piso y la besó con amor. - Soy el hombre más feliz del mundo gracias a vos – la hizo girar en el aire, logrando que riera descontrolada – te amo tanto. - Yo también te amo muchísimo mi amor – dijo cuándo la depositó en el piso – y ahora vamos a comenzar a buscar el tan deseado niño – Valentín la subió a su hombro y luego de poner la alarma y apagar las luces subió a su habitación. Para variar, hicieron el amor toda la noche, el sol los encontró aun despiertos, agitados y cubiertos de sudor – las chicas tienen razón, esto no es normal – dijo Victoria mientras se acomodaba en los brazos de su esposo, el rió. - Mi chiquita – le dijo con dulzura – hace tiempo que concluimos que nosotros no somos normales para nada. - Es cierto – dijo ella recordando como su matrimonio no se parecía a ninguno de los que conocía – así que nuestras niñas van a tener que adaptarse a nuestra rareza. - No les queda otra – dijo él – no vayas a trabajar hoy – le pidió aferrando más su abrazo – quédate todo el día en la cama conmigo. - Estamos terminando un proyecto muy grande – dijo cerrando los ojos al sentir como las manos y los labios de su marido comenzaban a recorrer de nuevo su piel, gimió ante esto – pero un día que no vaya no es nada – se rindió, él la giró y se miraron a los ojos. - ¿Un baño para recuperar fuerzas? – le preguntó sonriendo, ella asintió y rápidamente estuvo en los brazos de su marido siendo transportada a la regadera. El agua caliente los recompuso, y al terminar ya estaban en la cama otra vez dándose placer. Las niñas se levantaron solas como todos los días, prepararon su desayuno y partieron al colegio, por suerte las mayores iban en el mismo horario y el chofer las llevaba a todas, la única que se había quedado en casa esa mañana era la pequeña Candela que al notar que faltaban quince minutos para las nueve y su madre no aparecía comenzó a desesperarse. Corrió a la puerta de la habitación de sus padres, estuvo a punto de entrar pero recordó la vez que había ingresado sin golpear y la imagen que había visto aun la atormentaba, así que sin ninguna paciencia ni delicadeza comenzó a golpear con sus puños y pies la puerta. - ¡Mama! – Gritaba – deja de hacer eso – dijo en referencia a lo que sus padres hacían en la cama – mi maestro te espera – Victoria al escucharla paró lo que hacía y ante la protesta de su marido se bajó de él y miró la hora - ¡mamá! – volvió a gritar la pequeña. - ¡Ya voy mi amor! – Gritó desesperada y en su apuro por salir de la cama rápido cayó al piso, para diversión de Valentín – cinco minutos – le pidió – todo es tu culpa grandísimo pervertido – le reclamó mientras se vestía –sabías que tenía que ir a la reunión – el solo reía y la observaba con los brazos cruzados en la nuca. Victoria se arregló lo más rápido que pudo – espérame – dijo amenazante a Valentín – no te muevas de ahí y ni se te ocurra vestirte. - No tenía pensado hacerlo – le dijo serio – no te demores que me dejaste a medias. - Voy y vuelvo – dijo y luego de besarlo salió corriendo de la habitación. Candela la esperaba en la entrada totalmente enfadada, ni siquiera la saludó – discúlpame por favor – dijo mientras le ajustaba el cinturón en su coche – me dormí – la niña bufó, ella sabía que no estaban durmiendo precisamente – vamos a hablar con tu maestro – dijo y se puso en marcha. Llegaron al jardín de infantes, con retraso motivo por el cual todos estaban en sus salones ya. Victoria quiso tomar la mano de su hija pero ella se adelantó y luego de golpear la puerta de su aula, su maestro apareció. Victoria se sorprendió de encontrarse a un hombre tan joven y tan apuesto en ese lugar, ella imaginaba que tendría que lidiar con un viejo gordo y calvo – buenos días – dijo con su mejor sonrisa que no pasó desapercibida para el maestro – soy Victoria Díaz Echamendi de Guzmán, la mama de Candela – le tendió la mano al hombre que la estrechó con delicadeza. - Un gusto señora Guzmán – dijo el maestro – mi nombre es Tomas Ponce – dijo sonriendo - y tengo muchas cosas que hablar con usted así que espéreme un segundo – sujetó la mano de Candela e ingresó al salón con ella, Victoria se quedó esperando en el pasillo, un par de minutos luego el hombre salió – acompáñeme por aquí – le dijo con amabilidad y caminaron por el pasillo hasta el interior de una sala - ¿café? – le ofreció, ella aceptó encantada. - ¿Candela hizo algo malo? – preguntó con algo de temor, el hombre rió. - Ella nunca hace nada malo – dijo sincero – y es sobre eso que quiero hablarle – Victoria supo por dónde venía la charla – su hija está muy por encima de los niños de su edad – Victoria asintió – es decir, Candela es una niña prodigio, un genio si quiere – la mujer sonrió aun nerviosa, ella ya lo sabía – me gustaría, en realidad al colegio le gustaría que nos autorizara a hacerle la evaluación correspondiente para saber en qué nivel debería estar ella. - Entiendo – dijo ella – según la última prueba debería estar en cuarto o quinto grado de la primaria – el hombre no se sorprendió – apenas cumplió un año su doctor nos dijo que ella era especial y le hicimos la prueba.
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