CAPITULO IX - PRIMERA CITA (primera parte)

3799 Palabras
- No sé qué ponerme – Victoria estaba en el centro de su inmenso armario con mucha ropa alrededor, aún estaba en ropa interior sin poder decidirse. Casandra la observaba desde un sofa con Bautista en brazos sin dejar de sonreír – si me dijera a donde vamos podría elegir mejor – suspiró y descartó otro conjunto antes de probárselo. - Cualquier cosa está bien – dijo la rubia – no es algo formal así que tiene que ser cómodo, pero sexy. - No tengo nada así – dijo como una niña, su amiga suspiró y se metió al vestidor sin dejar al bebé que solamente observaba y reía. - Victoria tenés de todo aquí dentro – dijo casi como un regaño, lo último que le faltaba era tener que vestirla también – así que deja de portarte como una mocosa malcriada y vístete que Valentín viene en menos de una hora. - ¡No me estás ayudando! – le gritó a su amiga, se sentía terriblemente nerviosa, con un nudo en el estómago que hasta le dificultaba respirar – no creo que sea una buena idea – dijo finalmente mirando el piso, Casandra suspiró buscando paciencia – tengo miedo. - Entiendo – mintió la rubia, para ella era ridículo que tuviera miedo, Valentín no iba a comerla, solamente iban a salir, pero tenía que tener tacto, era algo que siempre le decían, debía empatizar más y tener tacto, pero le costaba mucho – no te va a pasar nada – dijo calmada. - No entiendes lo que siento – dijo Victoria seria – estoy tan confundida – Casandra comenzó a comprender a su amiga – por un lado me muero de ganas de volver a estar con él, que me abrace, me bese, me haga el amor como siempre y él solo verlo me produce tantas cosas que no puedo evitar pensar que es ridículo estar sin él cuando claramente quiero que estemos juntos – suspiró porque todo lo había dicho sin respirar – y después cuando se va no puedo evitar pensar. - Que está haciendo, con quien, donde – dijo Casandra poniéndose en el lugar de su amiga, ese era el principal motivo por el que ella no tenía relaciones serias, no confiaba en los hombres y además no se consideraba capaz de ser fiel tampoco. - Y cuando recuerdo lo que hizo me dan ganas de romperme la cabeza contra la pared por haber considerado la posibilidad de perdonarlo – dijo Victoria – es demasiado para mí, no soporto sentir tantas cosas – se sentó en el piso derrotada – mejor llámalo y dile que no voy a ir – dijo sin elevar la vista y con un tono muy apagado, Casandra suspiró. - Me parece que tendrías que intentarlo – dijo la rubia – a lo mejor te sentís bien y eso. - Yo sé que me voy a sentir bien – dijo Victoria desde su lugar – ese siempre fue el problema, sus ojos, su sonrisa, todo él es mi debilidad – golpeó el piso con las manos - ¿Por qué crees que aguanté tanto siempre? – Casandra se sorprendió – me mira y me derrito, me olvido de todos y de todo. - ¿Lo vas a ignorar para toda la vida entonces? – Dijo la rubia – yo entiendo lo que decís, es difícil volver a confiar en él y obviamente no pueden andar juntos todo el tiempo para que vos no te sientas insegura – se arrodilló junto a ella, Bautista se entretenía con sus pendientes – pero él está arrepentido, muy arrepentido. - ¿Y qué me asegura a mí que no lo va a volver a hacer? – Dijo Victoria – y después se va arrepentir de nuevo. - Nada te lo asegura – dijo Casandra – ese el punto de todo esto de las citas, que él te demuestre que podes confiar de nuevo. - No sé si voy a poder – dijo Victoria derrotada. - Piénsalo así – dijo la rubia acomodándose mejor - ¿Qué te duele más, la traición y todo lo que representa o no volver a estar con él? – la pelinegra la observó – yo creo que estas en todo tu derecho de querer terminar la relación, pero también creo que deberías darle una oportunidad. - Y si no puedo volver a confiar en él cierro el capítulo para siempre – dijo ella, Casandra sonrió asintiendo, Victoria suspiró – ayúdame a elegir algo que ya es tarde. - Si – dijo la rubia y se puso de pie, caminó hasta la puerta de la habitación y la abrió - ¡Alicia! – Gritó por el pasillo, una puerta se abrió y la nombrada caminó triunfal seguida de sus hermanas Elena y Emilia – tu madre no sabe que usar, necesita ayuda. - En seguida – dijo la niña ingresando a la habitación y acercándose a su madre para vestirla y arreglarla, Elena la asistía y Emilia ayudaba a Casandra con Bautista. Valentín llegó puntual y se secó las manos que le sudaban de los nervios antes de tocar el timbre, si bien tenía llave le parecía más correcto llamar, porque esa por el momento no era su casa. Matilda abrió la puerta y lo abrazó con ganas haciendo que el la alzara del piso. - Te extrañé – le dijo la niña con dulzura. - Yo también nena – le dijo de la misma forma. - ¿Y a mí no? – dijo Manuela desde la sala, y comenzó a correr hacia su padre que tuvo que agacharse para poder alzarla también. - Claro que si – dijo él – muchísimo. - Victoria ya viene – Casandra avisó bajando las escaleras con Bautista aún en sus brazos, Valentín la observó sorprendido ya que ella no se notaba incomoda. - Pensé que no te gustaban los bebés – dijo a su amiga y luego de depositar a las mellizas en el suelo cargó a su hijo, la rubia blanqueó los ojos. - No me gustan los bebés llorones y molestos – dijo ella como si nada – como mi hijo – dijo con cara de espanto al recordar lo mal que lo había pasado cuando Rubén era bebé. - Eres una madre horrible – Enzo ingresó al lugar y le lanzó eso sin ningún remordimiento y Casandra no se sintió ofendida para nada. - Yo no nací para ser madre – dijo segura – pero puedo jugar a la niñera unas horas por mis amigos – y le quitó el bebé de los brazos a Valentín – no entiendo porque tiene que quedarse él también, yo puedo sola – le recriminó a su amigo. - Son muchos niños Casandra – dijo Valentín serio – te hace falta la ayuda – ella lo observó con el ceño fruncido y se alejó de ellos. - Niñas vengan conmigo les voy a explicar cómo prepararle a su tía una jarra de margarita – dijo a las mellizas que la siguieron corriendo muy emocionadas, Valentín suspiró y miró a su amigo suplicante. - ¿Cómo se te ocurre dejar a tus hijos con esa loca? – dijo Enzo antes de salir detrás de ella. Victoria tardó un poco más en bajar, tiempo que Valentín usó para intentar calmarse, se sentía como un bobo esperando por la chica de sus sueños, pero era inevitable, ella le había dado la oportunidad de comenzar de nuevo y él iba a aprovecharla. - Hola – lo saludó en la entrada de la sala donde él esperaba, estaba tan sumido en sus pensamientos que no la había escuchado llegar – disculpa la demora – Valentín se puso de pie rápidamente y se acercó a ella observándola de pies a cabeza, todavía no podía entender en que había estado pensando la noche que había arruinado su matrimonio, teniendo una mujer tan hermosa al lado ¿porque había hecho algo así?, pero ya no era momento de lamentarse, tenía que recomponer la situación. - No hay problema – dijo calmado – valió la pena la espera – ella sonrió algo nerviosa aún. - ¿Nos vamos? – dijo al ver que él no se movía. - Si, vamos – reaccionó y se encaminaron a la puerta. - La quiero de regreso temprano – Elena habló desde la escalera con voz de madre, y el rostro serio – si se quiere aprovechar de vos usas el gas pimienta que compramos – le dijo a su madre guiñándole un ojo – ten mucho cuidado con mi mamá – amenazó a su padre. - O te la corto Guzmán – dijo Emilia saliendo del comedor con unas tijeras en las manos. - Yo también las quiero – dijo Valentín con una sonrisa – nos vemos luego y no le hagan caso a lo que Casandra les diga – acotó antes de salir. - ¿A dónde vamos? – preguntó Victoria cuando avanzaban por la calle, él sonrió. - Es una sorpresa – le dijo y le guiñó un ojo. - No me gustan las sorpresas – mintió, la verdad es que estaba muy nerviosa, algo emocionada y un poco asustada, una mezcla de sensaciones difíciles de controlar. - Esta te va a encantar – le dijo muy seguro. - Una pista – pidió ella mirándolo de tal forma que le era imposible negarse. - Un pista – lo pensó – vamos a un lugar que yo sé siempre te encantó pero a mi jamás me gustó. - Eso no es una pista, hay muchos de esos casos. - Pero este es especial – dijo divertido – recuerdo que una vez me dijiste que ahí te sentías libre y te olvidabas de todo lo malo – Victoria lo pensó y una idea cruzó por su mente, pero le pareció ridícula, a esa edad y más porque el de verdad odiaba ese lugar. Sorprendida se quedó cuando efectivamente Valentín aparcó en el estacionamiento del parque de diversiones que tanto adoraba de niña y no tan niña. - No lo puedo creer – dijo bajando del coche antes que él – vos odias los parques de diversiones. - En realidad no tengo nada contra los parques – dijo situándose a su lado – era la gente amontonada lo que me molestaba – elevó los hombros – pero creo que puedo darle una oportunidad. - No tenía idea que fueras tan amargado – dijo ella mientras avanzaban, Valentín rió y la abrazó por lo hombros, ella lo rechazó – creo que debemos tener un contacto físico limitado – dijo segura – es la primera cita después de todo – el asintió sin muchas ganas, le costaba muchísimo no abrazarla aunque sea, pero tenían que ir con calma. Pagaron la entrada y comenzaron a recorrer el lugar en busca de las atracciones que querían montar – Quiero ir a la montaña rusa – dijo ella decidida y enfiló hacia allí, Valentín la siguió sin decir nada, pero estaba a punto de hacer el mayor ridículo de su vida, porque le temía a las alturas desde que tenía uso de razón – amo la montaña rusa – dijo emocionada mientras hacían fila - ¿vos? – Lo miró por primera vez y notó la palidez de su rostro y la falsa sonrisa que llevaba - ¿Qué pasa? - Nada – mintió porque sentía que iba a tener un infarto en cualquier momento. - ¿Te dan miedo las alturas? – preguntó Victoria con un tono algo elevado, logrando que quienes estaban cerca de ellos observaran a Valentín con la burla en sus rostros – no puedo creerlo pensé que amabas la adrenalina y todo eso. - Amo la adrenalina – dijo él – pero con mis pies en el suelo, o muy cerca de él – Victoria rió. - El gran Valentín Guzmán le teme a un juego – dijo burlándose – si tus victimas del colegio lo hubieran sabido – dijo ella – si yo lo hubiera sabido, que mal la habrías pasado. - Siempre fui bueno ocultando mis debilidades a mis enemigos – dijo con superioridad, pero luego se entristeció recordando los últimos acontecimientos que habían ocurrido en sus vidas. - Lo que me pasó no fue tu culpa – le dijo ella leyendo sus pensamientos – alguien muy desquiciado está detrás de todo, sólo tuviste la mala suerte de cruzarte en su camino y enfadarlo. - Pero si no fuera porque estás conmigo nadie se metería con vos – dijo él serio. - Si porque yo nunca molesté a nadie en mi vida – dijo con sarcasmo y él rió – a lo mejor la venganza es en mi contra. - Sea en contra de quien sea – dijo Valentín seguro – yo voy a asegurarme que nadie más vuelva a lastimarte. - Lo sé – dijo ella – ahora prepárate para gritar – y lo arrastró de la mano hacia un carrito del juego. Valentín hizo que el acomodador verificara repetidas veces el seguro de ambos - ¿te acuerdas la película esa donde la montaña rusa se rompe y todos mueren? – Le preguntó Victoria con maldad, él negó con la cabeza porque al recordar la escena se había quedado sin palabras – yo creo que sería una muerte genial – dijo ella. - Eso solo confirma que estas más loca de lo que aparentas – le dijo él intentando relajarse, ella sonrió – pero supongo que no sería tan malo morirme a tu lado – le dijo sincero dejándola sin palabras – porque yo no pienso vivir sin vos ni un segundo – Victoria quiso responder algo pero comenzaron a moverse. Las palabras de Valentín la habían dejado impactada, pero todo se esfumó cuando adquirieron velocidad y comenzaron a subir, girar y bajar. Ambos gritaban como locos, Valentín al principio no lo disfrutaba pero al ver como ella reía se calmó y pudo hacerlo, el juego ya no le parecía tan horroroso, aunque evitaría volver a montarse en uno de todas las maneras posibles. - ¡Otra vez! – dijo ella cuando se detuvieron. - ¡No! – Dijo él saliendo de su asiento – las otras personas también tienen derecho – dijo para que no pensara que era por cobardía, Victoria se mordió el labio y al notar la larga fila aceptó que él tenía razón. - Vamos a otro entonces – dijo jalando su mano, lo hizo subir a todos los juegos que representaban estar arriba, y si quedaban con la cabeza colgando mucho mejor, Valentín no se quejaba pero se arrepentía de haber escogido ese lugar como primera cita, porque se sentía tan mareado y enfermo que no podía hacer mucho. - Necesito descansar un poco – dijo dándose por vencido, ubicándose en una banca, ella lo observó y notó la palidez en su rostro así que se sentó junto a él y comenzó a refregar su espalda mientras él se sostenía la cabeza en sus manos. - Volvamos a casa – dijo ella – así tomas algo para la descompostura – Valentín suspiró. - No – dijo sin mirarla – solo necesito dejar de girar y de estar colgado unos instantes. - Si hubiera sabido que eras tan delicado subíamos al carrusel – le dijo con burla, él sonrió nada más y la miró. - Yo no tengo la culpa que tu sentido de la diversión sea estar al borde de una muerte espantosa y dolorosa – dijo él – cualquier mujer normal querría ir al cine y a cenar, pero yo tenía que salir con una loca que le gusta. - Volar – lo interrumpió sonriendo con los ojos iluminados – me gusta volar – a él le pareció más hermosa que nunca con esa mirada soñadora. - ¿Te conté de la vez que me rompí el brazo y la clavícula? – le preguntó y el negó algo confundido – yo quería volar – dijo con melancolía – y convencí a Pablo y a Patricio que me ayudaran a hacer unas alas, éramos niños y teníamos que evitar que mi papá, Lucas y Nico lo supieran – Valentín rió al imaginarlo – yo creo que no media ni un metro – dijo en un susurro – y fue realmente divertido jugar a las escondidas de todos mientras trabajamos, eso no unió mucho – él asintió – cuando estuvieron listas un día, volvimos rápido del colegio porque sabíamos que teníamos una hora antes que los demás lleguen y teníamos que probarlas. Subimos al techo de la casa con Pablo, Patricio controlaba todo desde abajo y se preparaba para grabarlo – sonrió al recordar la emoción que sintió al pensar que volaría – estaba tan feliz de poder hacerlo – confesó – Pablo me ajustó las alas y cuando consideramos que el viento era apropiado me tiré – Valentín abrió los ojos como platos al imaginar la escena - ¡y volé! – le dijo casi con lágrimas en los ojos, pero de pura felicidad – pero solo unos segundos porque las alas no resistieron la presión y terminé estrellada en el suelo – él asintió – dolió bastante, pero fui tan feliz esos segundos que estuve en el aire que no podía parar de reír. Los mellizos gritaban que Lucas iba a matarlos cuando llegara y sin ningún cuidado me colocaron en un carrito que tenían para cargar sus juguetes y me arrastraron hasta que encontramos al chófer y la niñera para que nos lleven al hospital. El camino fue doloroso porque no se fijaban en los baches pero no me quejaba, ese fue uno de los mejores momentos de mi vida – Valentín no pudo evitar reír y abrazarla por los hombros para depositar un beso en su cabeza que ella esta vez no rechazó. - Estás tan loca mi amor – dijo divertido y se dio cuenta que ya no se sentía mal – ya me siento mucho mejor – dijo – pero quiero saber que les pasó a los mellizos cuando Armando y Lucas se enteraron. - Lo de siempre, mi padre los castigó durante un mes o más y Lucas los torturó física y psicológicamente por varias semanas. - No me imaginaba algo diferente – dijo él y se puso de pie extendiéndole una mano para que lo siguiera - ¿Qué sigue? - Te voy a librar de quedar de cabeza por hoy – dijo ella – pero nos queda la rueda de la fortuna y quiero que ganes un muñeco para mí – se encaminaron a los puestos de premios – el más grande. - Como usted ordene mi reina – dijo con una reverencia y luego de analizar los juegos y los premios se acercó a uno de tiro al blanco que entregaba a la mayor puntuación un oso de peluche casi del mismo tamaño que Victoria. Compró las fichas y se preparó con un rifle de juguete para hacer sus tiros, afortunadamente su abuelo desde pequeño le había enseñado a disparar y tenía una excelente puntería. Estaba por abrir fuego cuando notó que el encargado intentaba apretar un interruptor debajo del mostrador, seguramente para hacer trampa, así que le apuntó al rostro – ni se te ocurra estafarme – le dijo serio – mi esposa quiere ese muñeco y no me voy de aquí sin el – el hombre tragó en seco y sacó las manos de donde las tenía – así me gusta – Valentín hizo lo suyo y en menos de cinco minutos estuvo cargando el enorme peluche con Victoria colgada de su brazo totalmente emocionada. - Siempre te hacen trampa en esos juegos – decía ella – cuando éramos niños Pablo y yo distraíamos al encargado y Patricio le sacaba los juguetes que de no ser por sus jugarretas habríamos ganado – Valentín no se terminaba de sorprender de ella. - ¿Así que eran unos ladrones? – dijo divertido. - Solo de lo que nos correspondía – dijo ella altanera. - Armando podía comprarles los juguetes que querían – dijo serio. - No era ese el punto – dijo ella – teníamos que hacer justicia. - Tu complejo de super-héroe – dijo divertido al recordar que cuando la conoció lo primero que supo de ella es que tenía cuatro hermanos sobre protectores, una derecha mortal y la necesidad de defender a los débiles de tipos abusivos como el mismo. - Eso decían todos – dijo muy orgullosa y llegaron a la fila de la rueda de la fortuna - ¿podes aguantar esto? - Después del barco pirata puedo con cualquier cosa – dijo sonriendo. Subieron y a no le pareció tan mala después de todo, la velocidad era tolerable y la vista de la ciudad y el río que tenían desde arriba le daba un toque mágico y romántico. - ¿Te gusta? – le preguntó ella con los ojos perdidos en el maravilloso paisaje. - Me encanta – le respondió él, pero observándola a ella, Victoria lo observó sonriendo y se encontró con su rostro a centímetros del suyo – creo que me trajiste aquí para besarme – le dijo con picardía logrando que se sonrojara, ella observó a su alrededor y vio que varias parejas se besaban alrededor de ellos. - No – dijo nerviosa – me gusta estar arriba – dijo intentando dejar de mirarlo, pero él no la dejó, sujetó su rostro con una mano suavemente. Sus ojos se encontraron y ella suspiró. - Solo un beso – le dijo acercándose más a ella – me parece un lugar ideal para tener nuestro segundo primer beso – ella no dijo nada, simplemente cerró los ojos esperando el contacto, sentía a su corazón palpitar con fuerza en su pecho. Valentín sonrió y lentamente acercó sus labios a los de ella y en el momento en que estuvo por besarla notó un punto rojo en el rostro de Victoria, se separó y ella lo notó, abrió los ojos sorprendida y notó que Valentín ya no la miraba si no buscaba a alguien en los otros asientos. - ¿Qué sucede? – le preguntó algo preocupada por la seriedad de su rostro, él la observó y se horrorizó al notar que otros puntos rojos ahora señalaban el pecho de ella, Victoria al notar su mirada se percató de lo que sucedía y se asustó. Valentín la abrazó intentando cubrir su cuerpo con el suyo por completo, ella ocultó su rostro en su pecho mientras él seguía buscando con la vista de donde provenían los dichosos puntos, y lo encontró, unos lugares más debajo de ellos Javier los observaba con un perversa sonrisa en el rostro y un láser en su mano que apuntaba a ellos.
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