Esa noche Adhalpe cerró los ojos, pero no concilió el sueño. Mientras tanto Ciro había dormido como un bebé. Adhalpe se dió cuenta que mientras él sufría, a Ciro le iba demasiado bien, pero no quería ceder ante un hombre que al parecer le gustaba hacer lo que le daba en gana. —Mira, ya amaneció —dijo Ciro despertando y viendo a Adhalpe a su lado. —Me gusta levantarme así a tu lado, se siente muy bien —dijo con una sonrisota de oreja a oreja. —Cabe decirse que aún acabado de levantarte, igual te miro bonito. —Estas bien hermoso y me sigues encantando. Adhalpe no dijo nada, se levantó y fue a tomarse una ducha, no quería seguir escuchando a este intruso. Se dió un baño merecido que lo terminara de despertar, salió bien vestido y al salir de la habitación, encontró a Ciro tratando de p

