Avery: — ¡Las caderas muévanlas! Digamos que la instructora de esta semana era peor que Javier en cuanto a las exigencias, teníamos ya una o dos horas con unas rutinas de contemporáneo comercial y muchos estaban jadeando en los descansos de dos minutos. — ¡Ashley suelta esos brazos y muévete! Había movimientos rápidos y precisos, pero al mismo tiempo había partes complicadas, saltos, cargadas lo suficiente como para al terminar cayeras rendido al suelo, pero yo no... Por más que hiciéramos la misma rutina una y otra vez mi cuerpo no se sentía para nada cansado. Solo quería seguir bailando. Sentía esa necesidad de poder hacer una y otra vez esa pieza... — ¿Cómo diablos tú no estás cansada? —Madeleine y yo estábamos en un rincón con nuestras botellas en mano... —Solo... Estoy de buen

