Callie y Alejandra regresaron a la mesa tomadas de la mano, ambas con una expresión renovada. La tensión que había flotado entre ellas minutos antes parecía haberse disipado. Callie sonreía, relajada, mientras Alejandra caminaba a su lado con esa seguridad tranquila que tanto la caracterizaba. James las miró al llegar y alzó su copa, divertido. —¿Y si nos vamos de fiesta esta noche? Callie arqueó una ceja, cruzándose de brazos. —¿Tú? ¿Fiesta? ¿Desde cuándo te gusta salir más allá del pasillo del hospital y del sofá de casa? James se encogió de hombros con una sonrisa inocente. —A veces hay que romper la rutina, hermanita. Además —miró a Valeria con complicidad—, resulta que la señorita tiene un amigo que es dueño de una de las discotecas más codiciadas del centro de Londres. Y nos ha

