El salón de celebraciones brillaba bajo las luces doradas de los candelabros. Todo estaba perfectamente dispuesto: centros de mesa con flores blancas y rosas, copas relucientes, música suave de fondo y el murmullo alegre de los invitados. Lucía y Pedro, los padres de Alejandra, se ubicaron en una mesa cercana al centro del salón. A su lado, algunos familiares de Valeria —una tía, dos primos y una señora mayor— charlaban animadamente. Lucía, al verlos, se llevó una mano al pecho sorprendida. —¡Pero si yo los conozco del barrio! —exclamó sonriendo—. ¿Ustedes vivían en la esquina de la panadería de Don Jorge, verdad? —¡Lucía! —respondió la señora mayor con alegría—. ¡Dios mío, qué vueltas da la vida! No sabía que tu hija era parte de la familia de los Smith. —Tampoco yo lo sabía —respondi

