Evaristo asintió con la cabeza. El sacerdote solo emitió una especie de gruñido, con expresión resentida. —… Pero volvamos ahora a la absolución del pobre Corona por parte de Trentinotti, por la cual, de entre las personas que conocemos, solo queda como sospechoso Piero Mèrdon. ¿Es este por tanto el llamado Monstruo? Bueno… ¡no, señores! No se puede decir que sea el culpable, pero se puede afirmar que el homicida es alguien que, como Piero, conocía mucho acerca de las víctimas y de Corona y que había sido acosado por aquellos seis y los odiaba. —… ¿Quién, entonces? —preguntó Carla. —… ¡Usted misma, doctora Garibaldi! —¿Cooomo? —Mi colega se quedó por un momento con la boca abierta. Luego dijo—: Está bromeando, ¿no? —Y exhibió una amplia sonrisa. También yo creí que mi amigo bromeaba,

