Theo apoya su cabeza en mi pecho, dispuesto a dormir como si fuera la almohada más cómoda que pudo conseguir. No me quejo, no hasta que recuerdo que él todavía es menor de edad y ni siquiera debería de estar aquí, sino en su propia cama, o tal vez, avisarles a sus padres que no llegaría a dormir, porque si yo tuviera un hijo, lo último que haría es quedarme tranquilo cuando este no llegue a casa. —Deberías llamar a tus padres. Él levanta la cabeza y me mira con el ceño fruncido y sus ojos más pequeños de lo común, parece que estaba por dormirse. —¿Qué? —Llama a tus padres para decirles que no irás a dormir. —No es necesario. —Theo… —Aldair… —él intensifica su mirada, pero hay una sonrisa en sus labios— de verdad, no es necesario. —Si no los llamas, tendrás que volver a casa. Theo

