Me despierto cuando siento una mano pasar por mi cabello y escucho a alguien tararear una canción que, si no me equivoco, la he escuchado que les cantan a los bebés. Me remuevo un poco, intentando apartarme y volver a dormir, pero sólo siento como se acerca a mí antes de que pueda oír su voz otra vez. —Sé que estás despierto, arriba dormilón, te he preparado el desayuno. Sé que no tengo opción más que obedecer; cuando abro mis ojos, me encuentro con la radiante sonrisa que Theo casi siempre tiene. Parece tan feliz que, por un momento, olvido que no debería estar adentro de mi apartamento, porque no le he dado la clave de la puerta. Pero aquí está, pareciendo tan animado como siempre, que casi estoy seguro que si se encuentra a un desconocido o a la señora Oh en el ascensor, los abrazaría

