Sombras bajo el ébano

1450 Palabras

El club Ébano ardía en luces doradas y murmullos elegantes. Artemisa Dravell se permitía una noche de calma junto al heredero Volkov, una tregua rara en su mundo de estrategias y alianzas. Las copas tintineaban, la música envolvía, y por un instante, todo parecía en equilibrio. Hasta que una voz lo quebró. —Vaya, vaya… la reina de los demonios Dravell. El nombre cayó como un disparo. Artemisa alzó la mirada con frialdad. Víctor Kaled emergía entre la multitud, impecable, con el mismo aire arrogante y esa sonrisa que olía a peligro. Dante apenas giró la cabeza; Mikhail, detrás de él, se tensó como si el aire se hubiera vuelto pesado. —Qué aburrido —murmuró Artemisa, sin moverse—. No recordaba haber invitado a cadáveres parlantes. —Cadáver no, mi reina. Algunos demonios no mueren tan fá

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