(POV Artemisa) El chofer abrió la puerta de la limusina y, por un segundo, el murmullo del lugar pareció contener el aliento. Nada nuevo. Cada vez que mi familia aparecía completa, el ambiente cambiaba de temperatura. Gregory Dravell no necesitaba anunciarse; su presencia era suficiente para que la élite entera se alineara como si alguien hubiese tocado un gong invisible. Mi madre bajó primero, elegante como siempre, enfundada en un vestido dorado que hacía juego con la seguridad en su mirada. Selene descendió detrás de ella, radiante, juvenil, peligrosa… la frescura envuelta en seda negra. Yo salí después. El aire se volvió un nudo en la garganta colectiva. Tacones, postura, mirada. El apellido Dravell caminando en tres cuerpos distintos. Samuel bajó a mi lado, impecable en un traj

