Ella terminó de arreglarse y nos fuimos al restaurante que hay en el gimnasio y nos encontramos con George, mi mirada se fue hacia su bello ser, claro mi madre se lo quería comer a besos pero él la despreciaba y solo tenía la vista en mí, me comía con la mirada y se saboreaba los labios, al entrar pude notar a lo que mi madre se refería, él entra en cualquier lugar y llama la atención a cualquiera que esté alrededor, en ese instante me daba iras que todas esas mujeres se lo comieran con la mirada, lo único que quería era sacarles los ojos por mirarlo y dejarles bien en claro que ese hombre es mío y punto o bueno, lo será muy pronto —¿Qué quieren comer? —nos preguntó una vez sentados en nuestros lugares llamando al mesero —Bueno, querido... yo quiero una ensalada César con carne al vapor

