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1608 Palabras
La Impotencia de Los Caballeros Arak soltó maldiciones por lo bajo cuando la venda se desplazó por su herida mientras trataba de vendarla. Estaba frustrado, no solo por estar herido en una parte que no podía manejar sino también por la joven que estaba en la habitación cercana. Cuando la vio sangrar, su corazón se apretó de ansiedad. Había sido difícil para ella el entrar al palacio, pero no se quejó en ningún momento, siempre apoyando al Emperador a pesar de que la gente la trataba mal. Le había hecho prometer que no hablaría con Kairon hasta que ella lo hiciera, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Y ahora, su propio esposo, en quién debía confiar, casi la había matado. Arak había visto impotente como usaba la magia a pesar de estar débil por el accidente en la mina y sentía que no había hecho su trabajo. Era su deber protegerla. Ella se lo había ganado. Le había demostrado con acciones una y otra vez que era digna de ser su maestra y estaba orgulloso de servirla. - ¡Maldición! - exclamó arrojando al balcón de un golpe la palangana con agua que tenía a su lado para limpiar la herida - ¡Eres un imbécil, Kairon! ¡Debería darte una paliza por tratar mal a la maestra! ¡Voy a encargarme de todos esos malditos bastardos que la han humillado! - Puedo permitir eso. - dijo una voz desde la puerta haciéndolo girar con rapidez con una mueca de dolor por el tirón de la herida. Kairon lo miraba junto a Saros y Ciro en el umbral de la puerta de la habitación. - ¡Majestad! - exclamó, apoyando la rodilla en el suelo y bajando la cabeza. Kairon entró seguido de los otros dos hombres y se paró delante de Arak pudiendo ver la profunda herida en la espalda. - ¿Esto te lo hiciste en la mina? - le preguntó. - No debe preocuparse, majestad. - le dijo a su vez sin levantar la cabeza - No descuidaré a la Emperatriz. Lo escuchó caminar hasta la mesa y sentarse en una silla junto a ella. - Sé que no lo harás. - le dijo Kairon con voz grave, pero cansada - Levanta la cabeza, primo. - pidió - Quiero saber que está pasando. - La emperatriz ordenó... - murmuró sin cambiar la postura. - Te pidió que no me dijeras. - Arak asintió en silencio - ¿Desde cuándo está pasando? - preguntó. Lo vio dudar - ¿Hace cuánto? - repitió firme. - Desde el anuncio de la abdicación. - confesó, mirándolo fijamente con el puño apretado sobre el muslo. Arak vio como Kairon se tensaba, pero lo controló en instantes. - ¿Por qué no lo informaste? - le preguntó. - Iba a hacerlo, pero la Emperatriz dijo que no era necesario preocuparlo. Menos con las nuevas responsabilidades. - suspiró - Dijo que ella misma hablaría con usted. - Necesito que me lo digas. - le dijo decidido - Estaba pasando dificultades y no pude hacer nada. Lo vio dudar y alternar su mirada entre él y Saros en evidente conflicto. - ¿Mis vasallos tienen algo que ver? - le preguntó Saros viendo como apretaba la mandíbula y luego dejaba salir el aire contenido, derrotado. - En parte todos tenemos algo de culpa. - les dijo Arak, sorprendiéndoles. Arak se levantó y se sentó en el baúl a los pies de la gran cama y miró a la ventana antes de hablar. Les contó sobre la actitud de los embajadores en Odea, lo que había pasado con los caballeros de la comitiva, los comentarios de los sirvientes del palacio, los desaires reiterados de los nobles de la corte, Torne y Marcus - Varias de esas cosas las ví por mi mismo sin que la maestra dijera nada. Cuando le preguntaba, sonreía y evitaba el tema, pero me preocupaba el ver que no parecías verlo. - reconoció - La Emperatriz es buena fingiendo y actuando, pero no lograba entender porque su propio compañero no veía entre las telas lo que nosotros si podíamos. Con su conexión… - miró a Kairon quien no dijo nada manteniendo los brazos cruzados en el pecho - Después pude darme cuenta de que la maestra estaba usando su magia para protegerse de la conexión. - ¿Protegerse de la conexión? - preguntó Kairon adelantando el cuerpo con atención -¿Por qué? - lo vio moverse incómodo y bajar la mirada - Necesito que me expliques Arak, no solo eres el comandante de los caballeros, eres mi primo. - ordenó. Arak dudó por algunos momentos. - Su majestad cambió. - le dijo y está vez habló como su amigo - Desde la coronación parecías molesto con la emperatriz. Comenzaste a hablarle con dureza, dejaste de pasar tiempo con ella. Incluso la ignoraste. La maestra bloqueó la conexión. Le hacía daño. - Vio como Kairon se levantaba y caminaba por la habitación analizando su cabello con una mano. Sabía que había hecho esas cosas, estaba ocupado con los deberes del palacio, pero porque sólo podía sentir la rabia hacia ella cuando recordaba sus interacciones. - ¿Qué hiciste para ella? - le preguntó Kairon a Arak. - No pude hacer mucho. - reconoció - Solo acompañarla y hacerme presente cuando escuchaba a los caballeros o las doncellas hablar. Comencé a quedarme en su puerta por las noches porque despertaba llorando o con pesadillas. - vio a Kairon moverse inquieto. - ¿Su magia? - le preguntó y lo vio dudar -¿Contesta maldición? ¡No preguntaré todo dos veces! - Comenzó a dormir más cada vez que la usaba y luego tuvo una crisis cuando la expedición partió. Kairon soltó varias maldiciones en voz baja haciendo que los tres hombres lo miraran confundidos. - ¡Maldición! - exclamó al darse cuenta de que la había embarazado la noche que los echó y ni él ni el león lo supieron por el bloqueo. - ¿Majestad? - preguntó Arak. - Tranquilo. - le dijo para que siguiera hablando, pero recordó la propuesta del secretario y preguntó directamente - ¿La propuesta para el brote?... Es de ella. - lo escuchó suspirar. - Ella la hizo. - explicó - Cuando se enteró de la situación trató de hablar contigo para poder ayudar, pero cuando trató de hablarte, dejaste de cenar con ella. - Kairon se sobrecogió - Habló con el secretario, pero este le dijo que estabas muy ocupado para atenderla y que si “quería dinero para vestidos o joyas solo se lo dijera a él” - lo vio hacer una mueca - Trató de hablar con el marques Moore, pero este le dijo que sus labores eran verse hermosa y atender al emperador en la cama. Le preguntó al mayordomo Marcus para apoyar en la administración interna del palacio y su respuesta fue que era orden de su majestad descansar y tener tiempo para disfrutar el palacio El emperador se dejó caer en la silla lanzando un gemido ahogado. Recordaba que estaban tomando té en el despacho de trabajo. La estaba besando y acariciando cuando Marcus entró para informar algo. Estaba frustrado por haber sido interrumpido y cuando Yaina le había preguntado por varios aspectos administrativos del funcionamiento del palacio le contestó que Marcus se encargaba de eso y que ella debía relajarse y disfrutar del Palacio. Lo había dicho pensando en que estuvieron en combate con el Sarlack y Yaina no había parado en ningún momento y como estaban recién casados quería tener tiempo para ellos. - Después de que su majestad se molestara cuando le preguntó por sus comidas y descanso, dejó intentar. - Arak suspiró. Kairon se apoyó en la mesa mareado con la información que recibía. - El día de tu partida ella preparó tu comida personalmente y llevó la bandeja al despacho, quería verte y la rechazaste. Incluso antes del amanecer, estuvo coordinando la entrega de los suministros y ropa que había preparado para todo el grupo. Usó su propio maná para sellar los kit con pociones preparadas por los alquimistas. - indicó una pequeña bolsa que colgaba de su cinturón entregandole el contenido para que Kairon con las manos temblorosas la viera. Las cintas que la cerraban terminaban en un sello redondo de color blanco con el escudo del Maestro de la Torre (Una Torre con la espada al frente con la hoja boca abajo). - Don me dijo lo de la sopa y los dulces. La ropa... - La maestra dijo que era una tradición, que lleva la bendición de Boreas. -Si, es sopa la preparan los mismos señores de Corelia con ingredientes que solo ellos saben y que se trasmite de manera oral a la siguiente generación. Mientras, Saros estudiaba la bolsa y frascos con el sello de la Torre. No era cera lacre. - Es magia de hielo. - explicó Kairon al ver su expresión - Maná condensado en el hielo. - ¿Puede hacerse esto? - preguntó - Es magia de alto nivel. - Solo he visto a dos magos hacerlo. - le dijo Kairon entregándole la cadena con el medallón con la flor corelia que Jaim le había hecho el día de su boda y colgando a su lado, estaba la joya azul que Yaina le entregó el día de la partida la que brilló intensamente cuando estuvieron cerca de la bolsa. - Oh, mi. - exclamó Saros con admiración - Es exquisita. - Mi cuñado. -dijo con suavidad sin mirarlo. - ¿Porque la joya a su lado brilla así? - preguntó. Arak suspiró.
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