Capítulo 3

2573 Palabras
Fue tan grata mi experiencia como empleado vaticano que no dudé tanto en que había escogido una de las tantas ofertas laborales que tenía este país: el de operador telefónico. Me convenía, de hecho, la de redactor nativo de español, sin embargo, escogí esta vacante ya que no requería ni experiencia ni título profesional, solo diploma de bachiller y ya. De hecho, viendo el Papa mi testimonio como buen montanista, así como por mi desempeño laboral, he aquí que me ascendieron a trabajar para la recién creada Comisión Pontificia para el Bienestar Social. Me volví, de hecho, asistente operativo de dicha comisión. ¡Tambien se debe destacar que los niños vaticanos me habían empezado a coger una estima por mi tanto conocimiento del cual fue dado por Dios a través de su comunidad de santos! “Hermanita, ¿y Setón?” (decía un niño del cual se había encantado con lo mucho que aprendió conmigo). De hecho, el convenio vaticano con ClassHub habría, de hecho, incentivado de alguna manera a todos los estudiantes vaticanos (niños, niñas y adolescentes) y el clérigo católico me elogió por haber hecho algo así por ellos. Que, si no fuera por mí, la Iglesia Católica tendría su mala fama. Por eso me consideré “El Buen Samaritano de los Montanistas”. Sin embargo, había llegado la hora de regresarme a Colombia, luego de casi 5 años trabajando en el Vaticano. Pues, repito, fueron unos años bien vividos por mi persona. El Señor, de hecho, me bendijo de una manera que con un sueldo de 10.000 euros casi me había ganado el respeto de todas las autoridades de un país tan pequeño como lo es el Vaticano. “Setoncito, por favor, no te devuelvas, has hecho muchas cosas buenas aquí” (decía una de mis compañeras de trabajo) “Por ti, trabajar en el Vaticano es sinónimo de eterna felicidad” (decía otro de mis compañeros), y así sucesivamente, fueron muchos comentarios los cuales tenían mucho que ver con mi desarrollo espiritual y laboral como empleado vaticano, ya fuera de la Santa Sede o de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Pero una vez más lo reitero, quise regresarme a Colombia por razones mayores. Pues, lo que menos me esperaba, era que el pueblo evangélico colombiano estaba muy desconcertado conmigo mismo (lo confieso). ¿Pues, seguía siendo un montanista trabajando en el Vaticano? Más o menos, pues después de tanto maltrato psicológico, bullying y hasta humillaciones por mis temas, entonces estaba decidido a convertirme a la fe católica. Bueno, aparentemente ya era católico a espaldas de los montanistas y evangélicos. ¿Se acuerdan de cuando yo iba a Cartagena y ungía los almuerzos de la IMICI con el aceite de San Miguel Arcángel? Bueno, eso ayudó a que todos los miembros de esa iglesia (y otras en la misma ciudad) llegasen a pesar hasta 58 kg, manteniéndose saludables y demás. Lo mismo con aquella IPS en Barranquilla en la cual había hecho mis prácticas profesionales mientras mi antiguo pastor se encontraba en Estados Unidos, me acuerdo que yo iba al parque con mi abuela materna a hacer ejercicio, y me encontraba con un empleado de dicha institución evangélica prestadora de servicios de salud con el cual, le prometía que les iba a dar una subvención monetaria los directivos del plantel a fin de que estos fuesen capellanes en la Alcaldía de Barranquilla y en la Gobernación del Atlántico, sirviendo específicamente a los servidores públicos y contratistas del Estado colombiano; bueno, gracias al convenio del orfanato del Samuel Nguyen con la Santa Sede pude hacer esa subvención económica de manera anónima, algo que más adelante me iría a perjudicar, pues el Ejercito de Salvación los había contratado para servir permanentemente como capellanes a los servidores públicos y contrasitas del Estado colombiano. Algo completamente inusual. Lo que tambien se sabe es que, al momento de comunicarme con lo divino a través de la Lingua Ignota, los santos de la Iglesia Católica se habían convertido en mis aliados para guiarme en mi vida diaria al regresarme a Colombia. Esta es la razón por la cual yo, Setón Thorlasson Monterroza Bueno, decidí regresarme a Colombia: los santos de la Iglesia Católica me estaban dirigiendo mis pasos como trabajador vaticano, y como creía estar listo para regresarme a Colombia, entonces quise probar suerte al estar en un estado trance por parte de Dios. Sin embargo, Jesucristo, a través de Su Sagrado Corazón, me decía que debía quedarme en el Vaticano ya que aparentemente, si me regresara a Colombia, Él me cumpliría la petición de que me castigaría con la desaparición de mis padres y mi abuela materna, y que estaría vagando por mi país al encontrar una respuesta acerca del por qué estos habían desaparecido. Sin embargo, le insistía e insistía al Señor que no dudó en complacerme. Pues, yo decía en mi mente “después de vivir 5 años en el exterior, es hora de volver a casa”. Jah, ¿cómo que volver a casa? Aparentemente estaba al pendiente de los demás que mi propia casa. Pues el castigo que me había cumplido el Señor a través del Sagrado Corazón de Jesús era para demostrar cómo los demás no se preocupan por uno mismo al no saber que ni tú existes. Eso era el propósito del por qué quise que Dios me castigara con esto. La cosa no va hasta ahí, pues he de confesar que, en mi diario de oración, le decía a mi Señor: “Padre, te ruego que en caso de que me salga una oferta laboral vaticana, te ruego que deje a un lado todos los proyectos que tengo aquí en Colombia para dedicarme 100% al trabajo en Europa”. Y fue así. Lo que había dicho en el primer capítulo del presente libro era una farsa; el ministerio de discapacidad de la IMIB quedó cancelado porque ya me había ido al Vaticano a trabajar. Lo mismo con los demás proyectos que tenía por mucho tiempo, como un proyecto de contenido audiovisual con una tía materna, autista como yo, que había invertido mucho dinero en nuestro proyecto, pero al final la inversión se perdió, ya que yo mismo me había ido a Europa por querer complacer a una religión que no me había dado nada. En fin, al regresar a Colombia, haciendo primeramente escalas de abordajes pesadas, a las cuales ya estaba acostumbrado debido a que me tocaba viajar mucho como trabajador vaticano (sobre todo, como asistente de la recién creada comisión pontificia para el bienestar social), finalmente llegué a Barranquilla luego de haber hecho la última escala en Bogotá. Estando allí, de repente recibí una llamada de mi tía Jackeline, esposa de mi tío Simón, la cual me decía "Hola Setón, ¿cómo estás?", al responder yo "Hola mi querida tía, ¿cómo andas? ¿Y ese milagro de llamarme?" "Es tu papá. Hace rato no sabemos de su paradero...". Al haber escuchado esto, me quedé atónito, ya que al momento de comunicarme con Santa Hildegarda de Bingen a través de los rituales embebidos en el libro del Sr. Falkenrath, le había pedido al Señor que me castigase con la desaparición de mis padres y de mi abuela materna. Lo mismo había sucedido al momento de regresar a Barranquilla. Mi prima materna Saray Suárez, a diferencia de la familia de mi tío Simón, estaba muy enfadada conmigo y con un tono medioamargo, me comentó que mi madre y mi abuela materna (su mamá) habían desaparecido por mi causa. Bueno, tras recibir estas dos llamadas y mensajes de w******p, no dudé mucho en reflexionar en que ellos habían estado conmigo toda la vida y eran los pilares míos, así como lo son la Biblia, la Tradición y el Magisterio para la Iglesia Católica. Y hablando de la Iglesia Católica, me fui al Vaticano por un deseo borchornoso y sin sentido del cual medio me arrepiento ya que tenía estabilidad laboral y me había vuelto independiente. Pues, no cabe duda de que yo mismo había sido el que había causado la desaparición de estos tres pilares míos. Tras coger un InDrive, todo andaba muy bien en mi trayecto a mi casa en el suroccidente de Barranquilla. Sin embargo, durante medio trayecto hasta allá, ya que el aeropuerto estaba ubicado en Soledad (Atlántico, Colombia), en seguida una camioneta de la policía interceptó el carro. Y pensando que era el conductor, le culpaba a él porque supuestamente tenía antecedentes penales con la policía. Sin embargo, al que estaban interceptando era a mí (lo confieso). Sin embargo, al darme cuenta de que eso era una farsa, ¿pueden saber quienes estaban detrás de todo esto? Tanto las directivas como el capellán de la IPS en donde hacía mis prácticas profesionales de teología. Resulta y pasa que, siendo yo empleado vaticano, me había comprometido a donar subvenciones monetarias a varias organizaciones paraeclesiales protestantes en Colombia y Latinoamérica, descontando todo de mi sueldo vaticano. Pues, como era de esperarse, se deja claro que yo había cumplido esto al ser ascendido a asistente de dicho departamento de bienestar del Vaticano, en donde de manera anónima, usando mis ingresos diversificados aparte de mi sueldo vaticano, comencé a donar exuberantes cantidades de dinero como subvenciones monetarias a dichas entidades religiosas que operaban en Colombia para hacer realidad un sueño tan pecueco que ni entiendo de mí mismo. Bueno, en fin, al haber hecho esto, al interceptarme la policía, resulta y pasa que aquellos patrulleros se congregaban en la iglesia luterana en donde la mayoría del personal de la IPS se congregaba. De hecho, la Policía Nacional de los colombianos pasó de tener una capellanía católica a tener una capellanía evangélica, sin ánimo de lucro, operada y dirigida nada más y nada menos por una organización benéfica cristiana evangélica de policías cristianos. Jah, "¿qué he hecho?" me preguntaba yo, cuando de repente, Mr. Bill Hensley, un estadounidense egresado de una universidad cristiana fundamentalista en su país, casado con la rectora de la IPS y su colegio afiliado, Dra. Liliana "Lily" Quintero, y su tío, el pastor Hernando Quintero (capellán de la institución), me interrogan de una manera muy abrupta y absurda: "Vaya vaya, la oveja negra ha regresado a su país luego de haber trabajado como guardaespaldas de un corrupto y mafioso" (decía el Mr. Bill con un acento americano al español bastante marcado). "Escucheme, yo nunca fui guardaespaldas de alguien, pero sí trabajé en un país pequeño que viajé mucho y lo disfruté, y jum, no me parece que ustedes me estén interrogando así de manera sorpresiva, que falta de sentido común". "Subase al carro entonces" (respondió el capellán Hernando). "Oye, pero..." (Los policías agresivamente me metieron al carro, dejando que mis pertenencias en el indrive desaparecieran). Aunque estaban siendo muy buenos conmigo mismo, yo no estaba del todo agradado por lo que estos me habían hecho pasar. Fue entonces que empecé yo mismo a cuestionarlos usando a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino para lidiar con ellos. Al no soportarme, violentamente me arrojaron a la calle los policías bajo órdenes de sus capellanes. "Ay Dios, aquí vamos de nuevo", me decía yo en voz alta, ya que ciertamente no podía dejar todo para mí mismo. Desde tiempos remotos, he sido así como soy. Ahora estuve destinado a vagar por toda Barranquilla y Colombia bajo tutela y condena del mismo diablo. Joda, ¡jamás pensé que trabajar en el Vaticano me iba a traer unos efectos secundarios bastante negativos! Tuve que pasar por la Circunvalar, irme a pie lo más que pudiera, y hasta que al final regresé a mi antigua residencia. Aquí, percatándome de que nada había cambiado desde que me fuí, pensando que sí, ya que supuestamente mi presencia, en realidad, nunca importó. Yo creía que iba a ser irreconocible, pero cuando le pregunté a la pareja de santandereanos de la tienda de la esquina, estos enseguida me reconocieron. "Amigo, ¿que le pasó? "¿En donde estaba?" (Me preguntaron a dónde había ido) "Les comento, me salió una oferta laboral en el Vaticano, tal y como lo había querido desde un principio" (respondí). "Bueno, al parecer hay tres hombres viviendo en su vivienda" (respondió la mujer). Pues, tan solo al entrar, me había percatado de algo: mi casa no era como antes; los muebles y demás parecían diferentes a lo que solía ser al momento de irme a Europa. Lo que encontré, he aquí, eran fotos de mi padre y mí, así como las fotos de mi grado. Comencé a llorar en silencio, cuando de repente, empezaba a ver fantasmas como de la propaganda de RCN contra el alcohol del año 2006. Así de igualito eran los fantasmas y flashbacks propios que aparecían, pues era el único que los veía. ¡¿Quién es ese impostor que entró?! ¡Le voy a dar paloterapia! (De repente, Héctor Gamboa, un antiguo compañero mío en mis últimos años de bachillerato, el cual, se metía conmigo, lo mismo decía Emilio Hernández, otro compañero mío, mientras que el otro, Anderson Coneo, había salido con un machete). Sin embargo, al darse cuenta de que yo era su compañero, dejaron el palo de madera, así como el machete, a un lado, queriéndome saludar y decirme cómo me había ido en Europa. Preguntándome dónde estaba, yo les respondí que en el Vaticano. Estos no dudaron en llevarme directo a un agasajo familiar realizado por nuestro colegio. Allí, he aquí, me había encontrado con varios de mis docentes, entre esas, la profesora de filosofía, la cual había asumido que me había hecho sentir mal por el mero hecho de escribirle cartas al Papa. De hecho, Aldair Beltrán, el cual era mormón, me había saludado, lamentando de hecho la desaparición de mis familiares. "Espera, ¿cómo supo usted de que mis tres pilares desaparecieron?" (Le pregunté), "Hay avisos, básicamente" (Me respondió). Ay Dios, y pensar que mi influencia y fama se habían divulgado por la ciudad luego de haberme ido al Vaticano a trabajar. Cuando de repente, la psicóloga del colegio, Nuvis Pelaes, se estaba peleando con la mamá de un chico paralítico y esquizofrénico. Esta se pelea con la mamá por el simple hecho de que ella se iría con su hijo al Medio Oriente, justo cuando el colegio había regresado al tradicionalismo católico, siendo un colegio inclusivo no más, por la mera fe musulmana de la novia del chico. De hecho, la rectora del colegio, desesperada por lo que estaba sucediendo, en un principio no me paró bola. Sin embargo, al verme, tuvo compasión de mí por lo que había sucedido con mis padres. Toda la institución, de hecho, tuvo compasión de mi persona, algo que no debiera haber pasado, pero habían empezado a preguntarme sobre mi experiencia en el Vaticano, ¿eh? Bueno, en fin, y en medio de una salida hacia la ciudad de Casiodoro, ubicada en el Departamento de Casiodoro (Colombia), unos pistoleros, miembros de la banda "Los Mulattos", con sus disparos hacen explotar el bus que nos transportaría hacia el destino mencionado. Sin embargo, tras estos incidentes, he aquí que se decidió cancelar el viaje, dejando traumados a casi todos los niños del colegio. Algo crudo, pero bastante efectivo. No se sabe si mi persona estuvo en lo cierto, pero aparentemente, mi ausencia afectó muchas cosas a nivel local, regional y nacional (¡lo confieso!).
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