La montaña empieza a alejarse de mi rango de visión, me duelen las extremidades del cuerpo, ya no hay frío, más tiemblo como una niña asustada. Eliot está sentado al otro extremo del helicóptero dando órdenes por los audífonos. El ruido de las aspas, más, el viento me impiden escuchar con claridad, me propongo a leer sus labios para saber que órdenes está dando. “Estamos por llegar, preparen todo” El pecho me galopea con los nervios que me surgen, estaba preparada para esto, tengo que esperar y mantenerme firme, ellos vendrán por mí. Me acomodo en el asiento viendo cómo teclea en el teléfono, de un momento a otro le surge una sonrisa maquiavélica. Mueve los labios con delicadeza para que pueda entender lo que me dice con más claridad. “Deja de temblar, cariño, no te haré daño” M

