Está sentado en un sillón, con la pierna vendada apoyada sobre una almohada. Un control descansa entre sus manos. Antes que responda, me adelanto unos pasos, cruzo los brazos y digo: —Creo que soy mejor que tú. ¿Te atreves a competir contra mí? Él gira la cabeza. Su sonrisa aparece lenta, pero cuando me reconoce… se ensancha de verdad. —¡Hope! Hola… no sabía que vendrías. Se pasa la mano por el cabello. Pequeño gesto, pero delata que está nervioso… o al menos sorprendido. —Las chicas querían charlar conmigo —explico, entrando con calma—, así que la tía me invitó. ¿Te molesta que pase la tarde contigo? Xander niega tan rápido que casi se le cae el control. —No. No, claro que no. Será… agradable. Gracias por venir. Me señala el sillón junto al suyo. Su mirada baja un instante

