Y aunque trato de ahogar ese eco, sé que nunca se extinguirá. El trayecto de regreso a la mansión se me hace eterno. Lleno de recuerdos y culpas. Tamara. Ocho años. El peso de esa ausencia ha marcado cada decisión, cada logro, cada derrota. Ella fue mi centro, y su recuerdo se convirtió en la brújula que me mantuvo de pie cuando todo lo demás se desplomaba. ¿Cómo es posible que, por primera vez, su aniversario se me haya borrado de la memoria? Sin embargo, otro rostro…otra risa llena mi mente. Serena. El rostro de Tamara, sereno, perfecto, se mezcla en mi mente con los ojos llenos de deseo de esa muchacha que apenas comienza a conocer la vida. La pureza de Tamara frente a la entrega temblorosa, casi ingenua, de Serena. Dos mundos opuestos que jamás debieron encontrarse en mi memoria

