Saco el móvil y lo desbloqueo. Una fotografía. Un número desconocido, pero los rostros en la pantalla me resultan demasiado familiares: Desmond, al lado de la mujer que un día su madrastra intentó poner a su lado. Amplío la imagen con los dedos, examinando con desesperación el rostro que amo. Busco cualquier indicio de felicidad, una chispa en su sonrisa, un brillo en sus ojos… algo que me confirme que la compañía de ella le llena más que la mía. Pero no, no lo encuentro. Y aun así, la fotografía duele como si lo hubiera hallado. Porque esa es la lógica de su mundo, de gente como ellos: alianzas, apariencias, conveniencias. Yo… yo solo soy una parada en el camino de su vida. El aire me pesa en los pulmones. Suelto un suspiro profundo, apretando los labios para no llorar. No, no voy a

