Hace un tiempo estoy así

1046 Palabras
 Luego de aquel acontecimiento que le marcó la vida, Maia llegó a su casa callada, no quiso sentarse a cenar con su madre y su hermanito que tenía muchas cosas que contarle de su día. Dijo que le dolía mucho la cabeza y se encerró en su cuarto rememorando en todo momento lo que le había pasado. No entendía nada, ¿ quién querría hacerle daño? Ella nunca se metió con nadie, es más, ni siquiera hablaba con nadie precisamente para evitar todo tipo de confrontaciones. Ni siquiera se atrevía a emitir opiniones contrarias en horario de clases para no tener que escuchar los insultos de los demás. Además del chico con el que tuvo un intento de relación durante el primer año con el único que había "intimado" de cerca fue con Josh aquel día en el que chocaron sin querer en el pasillo, él iba apresuradamente a entrenar, a juzgar por su vestimenta y ella acarreaba los libros que debía devolver ese mismo día. Él se sintió apenado en un primer momento e intentó ayudarla, la miró a los ojos intentando hablar, según le pareció, pero pronto se escucharon pasos y voces que se acercaban por lo que se levantó con un envión y desapareció por las puertas que daban a la cancha. Eso fue todo. No chocó con nadie más ni se saludó ni charló nunca. Y ahora estaba esta rubia hueca de Lauren juzgándola como si la conociera. Siempre la observó de lejos cuando atacaba a sus presas para llevarlos a la cama. Había terminado su jornada laboral e Iba refunfuñando por lo bajo haciendo todo tipo de gestos cuando un auto se paró a su lado. ¡Era el insoportable de Josh! Ya era mucho tener que aguantar sus estupideces en horario de trabajo como para tener que soportar su presencia fuera de la oficina. Se hizo la que no lo vio y continuó con la cabeza gacha. —Ey, tú, señorita Low —le gritó bajando las ventanillas —¡te llevo! Va a llover, te mojarás. La rubia que iba a su lado hizo una mueca de disgusto al ojearla de arriba a abajo. Ella se dio vuelta para ver su cara de payaso y le hizo un ademán con la cabeza en señal negativa. —Vamos! Sube! ¡No te hagas de rogar! —le dijo parando en seco en medio de la calle. Los autos que venían detrás tocaron bocina al unísono. —Aquí voy a quedarme hasta que aceptes subir —le dijo y ella le creyó capaz. Era un chico tan mimado que podía hacer lo que quisiera. De mala gana fue por la puerta de atrás y la abrió. Ni bien la cerró, salió andando a gran velocidad, haciendo que se fuera hacia atrás bruscamente. Puso la música a todo volumen y se dirigió hacia el sur.  Todo se sentía extraño. Josh la observaba de vez en cuando por el espejo retrovisor pero ella no le prestó atención, iba casi doblada de miedo en el asiento apretando sus libros, se sentía abotargada por el movimiento del vehículo y por la música que retumbaba en su adolorida cabeza. Por todos los medios intentó llamar su atención aunque hubiera sido más fácil si justo no hubiera armado cita con la bomba que tenía al lado. "Como siempre, Maia Low ni me mira" pensó cada vez más frustrado. En ese momento se dio cuenta que no le había preguntado hacia donde iba. Ella y su familia se habían mudado cuando decidieron irse de Valle Largo en busca de nuevos horizontes y para alejarse del padre del niño que Maia iba a tener. Temían que apareciera en algún momento a reclamar al niño si se enteraba que ella había quedado embarazada, por lo que vendieron todo y se fueron. Maia continuó estudiando y especializándose incluso hasta el día en que Michael nació, Sólo se tomó un par de días hasta que pudo caminar bien y regresó por lo que nadie se enteró que se había convertido en madre soltera. Eso le quitaría posibilidades de encontrar mejores opciones laborales. Le dolía mucho tener que negar a esa pelusita que salió de ella fruto de algo que no era amor porque si bien fue difícil aceptarlo, cuando vio sus bellos ojos grises y largas pestañas negras quedó prendada para siempre y lo amó con locura. "Eres sólo mío", le dijo y desde entonces vivía solo para el. Josh direccionó hacia su antigua casa, adonde vivían antes de mudarse. Se preguntó como sabía donde era, ella jamás habló con nadie y mucho menos les dijo donde vivía. —¿Adónde me llevas? —le preguntó tratando de hacerse escuchar por encima de la música. —¿Dónde vives? —dijo él de repente, un tanto contrariado. La chica a su lado solo sonreía como estúpida y le manoseaba el muslo derecho mirando a Maia, como estableciendo claramente que ese era su terreno. —Por ahí no es, déjame entre Cramer y Brison, le dijo. Desde allí puedo llegar rápido caminando. —No, dime donde te dejo exactamente —se puso firme él. No tuvo más remedio que darle la dirección, pues sabía que sería inútil ir en contra de ese rebelde sin causa. Cuando llegaron a destino frenó en seco, haciendo chirriar los neumáticos. Otra vez Maia se movió imprevistamente hacia adelante por efecto de la inercia. Se quitó el cinturón de seguridad y se bajó con las piernas blanditas. —Gracias por el paseo —le dijo, poniendo en blanco sus ojos. Josh la miró divertido y arrancó nuevamente dejando una estela de humo por detrás. Chris y Michael, curiosos, se acercaron por la ventana a mirar quien había llegado. La recibieron con un abrazo cálido que le hizo olvidar el momento amargo que acababa de vivir. Lo único que agradeció fue que no tuvo que caminar, pues tenía los pies hinchados de tantas horas de estar parada yendo de un lado a otro. Miró a su hijito que ya caminaba torpemente y le recordó a alguien, aunque por más que buscó en sus recuerdos, no supo a quién. Trató de alejar ese pensamiento de su mente, pues tenía en claro que ese niño era solo de ella... de nadie más..
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