Y una parte de mí sigue aguantando

1031 Palabras
Los días transcurrían rápidamente. Cada vez Maia se afianzaba más en las tareas impuestas por el señor Nigel que iban gradualmente aumentando el nivel de responsabilidad. Además Josh se había impuesto la tarea de la recargarla por su lado y no la dejaba en paz ningún día. Era como una especie de competencia silenciosa que se había creado entre ambos para ocupar al máximo las capacidades de Maia, una puja silenciosa de tire y afloje. Eran hombres de negocios y no estaban dispuestos a perder. Se acercaba la fiesta de beneficencia que el grupo Nigel organizaba cada año para recaudar fondos para las instituciones de la zona que necesitaran el dinero. Lauren era la encargada del evento y de llevar minuciosa cuenta de las actividades a realizar. Faltando un par de días, aún no tenía organizada ni la mitad de las cosas. —Hija, ¿ cómo puedes ser tan irresponsable? Tú sabías que estábamos en fecha. Nunca antes nos habíamos retrasado tanto. —Pero papá, estuve ocupada con los otros proyectos. Yo no soy la única que trabaja aquí. ¿Por qué no le pides a tu empleada estrella que lo haga? Siempre has dicho que todo lo hace bien, pruébala en esto también. —Me tienes harto con tus impertinencias, Lauren. Ahora no hay tiempo para estas pequeñeces. Esa fiesta se debe realizar, con o sin tu ayuda. Convoca a Josh y a Maia en mi oficina en este instante —hizo uso de su voz de tenor para hacer que la rubia se moviera de su lugar. Así que allí estaban, sin querer y sin planearlo, trabajando en equipo los tres, como nunca ninguno se lo hubiera imaginado. Muy a su pesar, Lauren tuvo que reconocer que Maia era una muchacha muy despierta y creativa. Ella misma se encargó de los arreglos de flores que irían como centros de mesa. Hicieron de todo, adornaron, acarrearon sillas y mesas, organizaron a los mozos y al final de la tarde cuando todo parecía estar listo, fueron a prepararse para el evento. Maia regresó a su casa y con la ayuda de su madre se preparó para la fiesta. Nunca había ido a una pero el señor Nigel había insistido tanto que no pudo negarse, incluso prometió enviar a su chofer a buscarla a las ocho en punto. El vestido que compraron con ayuda de su madre era hermoso. No era de alta costura como seguramente vestiría Lauren pero era de un color dorado que resaltaba la piel de Maia y de una tela primorosa que volaba con el viento. Leah la maquilló y peinó y le encantó el resultado. Estaban en los últimos preparativos cuando escucharon la bocina de un auto afuera. Ambas se miraron y gritaron al unísono; —¡El auto del señor Nigel!!. —y rieron felices por la ocurrencia. Al llegar Maia se sorprendió por el efecto que las luces daban al patio de la mansión. Ella misma había propuesto el lugar y quedaba todo como ella se lo imaginó. El señor Nigel la vio llegar y corrió a su encuentro. —Maia, hija, ven aquí. voy a presentarte a todos —dijo muy animado. A saber por el olor que Maia llegó a percibir cuando se acercó, parecería que el señor Nigel ya había ingerido varias copas. Los ojos estaban vidriosos y la sonrisa fácil. Maia lo miró divertida y pasó saludando a todos con él. No había señales de Lauren y Josh, "que bien" se dijo Maia a sí misma. Estaba perfecto todo sin su presencia. Pasó a supervisar echando una ojeada a las mesas, a la ubicación de sillas, a los centros de mesas, haciendo caso omiso de todo lo que se encontraba a su alrededor, se agachó a levantar unas guirnaldas que se habían caído y al levantarse repentinamente chocó con un saco oscuro, completado con una corbata haciendo juego y una camisa impecable. —¡UUUffff! —dijo por el impacto y se golpeó contra la mesa que un rato antes estaba acomodando. Josh la miró divertido y codeó a la rubia que iba colgada de su brazo... —Tienes la manía de chocar seguido ¿no? Creo que deberías cambiar el aumento de tus gafas... —le dijo solemnemente para luego estallar en risas. La plástica también rió y cuando se fueron Maira aún podía escuchar sus burlas. "Lo que me faltaba", se dijo a si misma. Volteó la vista para ver las curvas de esa mujer y vio que era gloriosa por donde se mire. Quedó con la mirada triste, las pocas ganas que tenía de ir a la fiesta se fueron con ese acto tan corto pero que dejaba en claro lo que Josh continuaba pensando de ella. Seguía siendo el centro de burlas y al parecer nada haría cambiar eso. Hace cuatro años —¿Has visto la mojigata que va al primer año? —decía un pelirrojo en uno de los lugares de descanso en el instituto. Eran varios que se juntaban allí durante los recesos para ver pasar a las muchachas y burlarse de los nerds. —Si, escuché que está aquí por una beca. No tiene donde caerse muerta. Solo está aquí gracias a la beneficencia que hacen nuestros padres cada año quitándonos parte de nuestra mesada para donar a aquellos estudiantes sobresalientes que tienen oportunidad de estudiar pero no los medios —replicaba otro moreno bien fornido. —¿Se dieron cuenta como viste? Parece salida de un convento —se rió una castaña infartante que estaba apoyada en el hombro de Josh. —Yo ni loca la invito a mi fiesta. Sería una vergüenza —despotricaba la próxima dueña del evento. ´En esos momentos pasó Maia por el sendero que estaba frente al lugar donde se encontraban todos opinando sobre ella. Ninguno trató de disimular el desprecio que le tenían, burlándose en voz alta adrede para que los escuchara. Ella solo atinó a mirar sus pies mientras continuaba su recorrido. Casi al doblar atisbó por curiosidad para ver si se había alejado lo suficiente cuando unos ojos negros penetrantes estaban clavados en ella. Se dio vuelta rápidamente para alejarse lo más posible. 
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