La lluvia caía en cortinas pesadas sobre el bosque, apagando el resplandor de la luna. El suelo estaba resbaladizo, cubierto de barro y hojas mojadas, pero eso no detuvo a la joven Omega que corría entre los árboles, su respiración entrecortada y su corazón martillando contra su pecho.
—¡Dante! —gritó su nombre con desesperación.
El eco de disparos la hizo estremecerse. Su Mate, el Alfa que el destino le había otorgado, yacía tendido sobre la tierra ennegrecida, su pelaje plateado manchado de rojo.
—No… no… —susurró, cayendo de rodillas a su lado.
Las balas de plata aún humeaban en su piel. Los cazadores ya no estaban, se habían ido satisfechos con su cacería. La tormenta rugía, pero nada podía acallar el grito de dolor que brotó de su garganta cuando su conexión con él se rompió abruptamente, dejando un vacío insoportable en su pecho.
Ya no sentía el vínculo que las almas destinadas deberían sentir, lo cual lleno su ser de una profunda tristeza, si quizás ella hubiera llegado a tiempo, quizás podría estar entre los brazos de su mate por unos cuantos minutos más.
Ahora, ella deseaba tanto ser quien estuviera ahí, sin pulso, sin respiración. Le dolía, demasiado. La joven omega rogaba a la Diosa luna que le quitara el aire que respiraba para entonces, encontrarse con su amado en la siguiente vida.
Sin embargo, eso no fue posible.
La lluvia no se detenía, y furiosa rugía por la vida que se había perdido en ese instante. ¿Qué haría?, ella era un omega débil, quien dependía de su alfa, el cual ahora se había ido para siempre. Liriel sollozo mientras que la impotencia se apoderaba de su cuerpo.
Quizás dentro de unos días, el frio aliento de la muerte también vendría con ella, era sabido que pocos omegas sobrevivían a la pérdida de su mate, cuando el lazo es cortado para siempre, era cuestión de tiempo para que ella también lo hiciera.
Sin embargo, esto no ocurrió. Liriel se preguntaba ¿Por qué no se iba ella también?, el dolor en su pecho desaparecía, sin embargo, cada que cerraba los ojos, veía el amanecer de un nuevo día.
Algunos dirían que era suerte, otros que quizás la Diosa la estaba bendiciendo, pero, para Liriel, solo era extender el dolor que sentía.
( . . . )
La muerte de Dante significó su condena. Su manada no tenía lugar para una Omega sin propósito. Alfas y Betas dominaban, y ella… ella solo era un estorbo.
—No sobrevivirás sola. Es mejor para ti si terminas aquí y ahora —las palabras de su líder aún resonaban en su mente cuando la empujaron fuera del territorio.
—Por favor…Piedad. —Suplico ella al líder Alfa de su aldea, quien solo la miro por encima del hombro, un alfa menos, una carga mas. Era inaceptable, para un lugar que necesitaba mujeres alfas que fueran de cacería, y protegieran la aldea de enemigos, junto con inteligentes y capaces betas que cubrían todo lo demás, ¿para que necesitarían a una débil omega?
—Tu único propósito en esta vida era tener a una pareja que pudiera hacerse cargo de ti, los omegas suelen servir para las tareas comunes, sin embargo, eres más débil que el omega común. —Le dijo el líder su aldea. —Dudo que siquiera sirvas para tener cachorros. —Murmuro entre dientes, pero, Liriel pudo escucharlo, lo que la hizo sentir mal.
Es cierto que es débil, carecía de padres, de un linaje, de algo que verdaderamente haga que ella se sienta orgullosa de ser omega, sin embargo, cuando se encontró con Dante, su mate, sintió que su vida podía tener un propósito.
—¿Podemos terminar con esto de una vez? —Una de las alfas exclamo con impaciencia. —La manada no se caerá a pedazos por una inútil omega. —Dijo a boca llena.
—No es algo personal, Liri. —Dijo el líder alfa de aquella aldea, “Liri” como le dijo era el apodo por el que todos la conocían, sin embargo, ahora, sonaba tan vació.
—Los omegas sin alfa no suelen tener segundas oportunidades. —Dijo otro alfa. —Si vas a morir, hazlo lejos de la manada, y en silencio. —Sentencio este con una mirada que le helo la sangre.
Con el alma rota y un futuro incierto, caminó sin rumbo hasta que sus pies la llevaron a una ciudad envuelta en neblina y faroles antiguos. Un lugar donde la tradición aún gobernaba y donde encontró su única oportunidad de seguir con vida.
Velkanova.
Si debía empezar nuevo, lo haría, sobreviviría, y aunque aún en su cuerpo tenía el dolor de haber perdido a su mate, ella no se dejaría caer, aunque, en su mente seguía a flor viva el recuerdo de Dante, una lagrima silenciosa bajo por su rostro. Su lobo estaba quieto, deprimido, al igual que su alma, suspirando, ella intento pensar en otra cosa. ¿Pero cómo hacerlo siquiera?
Liriel o Liri, era una omega de 22 años de edad, quien portaba una piel tan palida y pulcra como la misma nieve, unos grandes ojos azules cual zafiro, y pelo largo, oscuro como la noche que llegaba hasta su cintura, mientras que su complexion fisica era como la de cualquier mujer omega, caderas anchas y delicadas, una silueta ligeramente delgada que empezaba ser mas bien curvilinea por la ansiedad que sentia y con esto, comia un poco mas, y su altura bueno, los y las omegas no eran conocidos por ser tan altos, y Liriel llegaba a fuerzas a los 1,65cm. Ella era una omega de bajo rango, siempre estuvo acomplejada por esto, sin embargo, esto cambio cuando conoció a su mate Dante con 16 años, y desde entonces, fueron inseparables, él le daba calor y la reconfortaba cuando ella se sentía caer. Ella estaba para él también, aún recuerda sus ojos llenos de amor cuando la observaba y su sonrisa.
Liri callo de rodillas cuando sintió algo quemar en su cuerpo, como si estuvieran arrancando algo de su propia alma, y lleno sus manos hacia su cuello, justo donde Dante había dejado la marca de pertenencia, la cual, había desaparecido y entonces, lagrimas amargas de desesperación brotaron nuevamente.
—Por favor…—Susurraba Liri. —Deja que me quede con lo único que puede hacer que lo recuerde. —Suplico ella a la Diosa Luna. Sin embargo, sus suplicas no fueron escuchadas y con el pasar de los segundos, la marca de pertenencia que estuvo en ella por más de 7 años se había borrado para siempre.
Liri que aún se encontraba de rodillas, sufriendo en silencio sin ser vista, sintió la presencia de alguien delante de ella.
—Pobre criatura, no eres de este lugar. —Aquella fue la voz suave y femenina. El aroma de jazmines llenó a Liri. —¿Estas bien? ¿Necesitas ayuda? —Pregunto la que sin duda era una omega de rango superior. —¿Dónde está tu alfa? —Liri revelo su demacrada apariencia y sus ojos llorosos. —Oh…entiendo. —Murmuro la mujer. —Ven conmigo, hare que te sientas mejor.
Liri no lo dudo en ningún momento, y aunque sabe que irse con desconocidos no era buena idea, ella no tenía alfa, tampoco tenía manada, mucho menos un propósito para vivir. Así que, lo que sea que fuera de ella, ya no le importaba.
Solo quería que todo acabara para siempre y descansar.
La esposa del alcalde la acogió, dándole refugio y un trabajo como sirvienta en su casa. Le ofreció ropa limpia, comida caliente y algo que había olvidado que existía: bondad.
Pero incluso en este nuevo refugio, no podía olvidar el pasado.
"Los Omega no tienen segundas oportunidades", le habían dicho.
Y ella estaba dispuesta a creerlo.