Cailan. Observé como Valdine se largaba de la habitación y sentía una sensación de estorbo en la garganta muy inusual. Me había quedado por decirle muchas cosas y ya me encargaría de eso, pero no podía correr tras ella y dejarnos en evidencia frente a Gwendolyn. —¿Sucedió algo? —me preguntó y dirigí mi mirada hacia ella. Negué con total seguridad. Cuando se trataba de Valdine y yo, siempre sucedía algo. Estábamos a punto de asesinarnos o acabábamos follando. —Ella parecía estar algo... afectada —manifestó con cierta preocupación. —Esta situación no es fácil para ninguno de los dos. —Ella asintió. Cuando la tenía cerca, cualquier problema parecía desintegrarse y lo sentía como una obligación el arrastrarme a ella. —Una parte de mí estaba preocupada que no fuera a aceptar el plan —aclaró su garganta y se volteó a verme —. Ya sabes... Porque ella parece detestarte tanto como Irene. Reí a mis adentros. Si tan sólo supiera... Si Irene me "detestara" de aquella forma, ya me hubiese encargado de que esta guerra hubiera llegado a un fin hace mucho tiempo. —Ella haría lo que fuera por Broc —dije y me encaminé a la puerta para marcharme de allí, pero no sin antes agradecerle —. Gracias por haberte encargado de grabarlo todo tú misma. Ella esbozó una pequeña sonrisa. —Yo tampoco me hubiese sentido cómoda si tanta gente me estuviera viendo en un momento como ese —expresó —. Valdine debería saber todo lo que haces por ella —me sugirió y tensé mi mandíbula —. Puede que así deje de odiarte. —Simulé una sonrisa y me largué de allí. Esa no era mi forma de ganarme a las personas, en especial a Jensen. No tenía que informarle todo lo que hacía por ella para protegerla -muchas veces, se trataba de mi lado egoísta ni siquiera queriendo compartirla visualmente con otras personas- para que me cogiera cariño, porque yo no lo quería ni necesitaba. Si los sentimientos no intervenían entre nosotros, lograría lo que siempre había querido; tener la compañía de alguien sin que me quisiera ni yo a ella. En cuanto el lado afectivo se involucraba, todo siempre se iba a la mierda. Como le había dicho, lo nuestro no se había acabado. Me dirigí hacia su habitación esperando que, como siempre, su puerta no estuviera cerrada bajo llave y me permitiera decirle algunas cosas y más. Para mi suerte, me adentré con facilidad y cerré la puerta con cuidado al no verla en su habitación y oír el ruido de la regadera. Ella estaba en la ducha. Esperarla aquí fuera parecía ser la idea más coherente, pero a mí me valía mierda qué era lo coherente o no. La vida era más bien todo lo contrario. Me deshice de mi calzado, mi pantalón y mi playera, y abrí la puerta intentando no crear ningún sonido. Al hacerlo, su cuerpo se encontraba dándome la espalda y tenía la vista de su sensual trasero desnudo. Tragué grueso y me vi atontado al observar cada uno de sus movimientos; cómo removía su maquillaje de c*****r de su rostro, cómo limpiaba su cuerpo con jabón y cómo apoyaba sus manos en los azulejos de la pared para acto seguido largar un suspiro. Me pregunto qué estaría pensando y por qué el sólo verla de esa forma ya me excitaba de una forma descomunal. Me acerqué a su cuerpo y ahora el agua también comenzó a mojarme. Aquel caía por la espalda de Valdine y sentía como si su piel me estuviera pidiendo a gritos que la recorriera al dejar los rastros de mis besos en ella. Rodeé su cintura con mis brazos al mismo tiempo que posaba un beso sobre su hombro, y ella dio un brinco de susto en su lugar. Podía sentir a la perfección como su respiración se aceleraba cada vez más y más, y cogió mis brazos bajo sus manos. Ella se volteó y su rostro se encontraba considerablemente cerca del mío a causa de mi agarre. Sus ojos llenos de sorpresa se clavaron sobre mí y los míos sobre sus mojados labios. Ya no quería seguir esperando para volver a saborearlos una vez más... Sus manos se dirigieron hacia mi trasero, de seguro para corroborar si aún llevaba mis boxers o no, y sonreí al haberla engañado. —Creíste que vendría preparado para follarte —emití y su mirada no se desprendía de mis ojos. —Ya bastante descaro has tenido para aparecerte en mi habitación mientras me ducho —atacó —. Cuando de ti se trata, ya no creo nada. —Ya ves... Soy una caja de sorpresas. Ella me dio una sexy sonrisa y se acercó a mi oreja con detenimiento —, También yo —susurró. Su mano se introdujo dentro de mi ropa interior y cogió mi m*****o erecto en su mano. Me aparté un poco para observarla y llevaba una sonrisa de asombro y satisfacción. Esta mujer me volvía loco. —Al parecer, no me has dejado con ganas de más solo a mí —susurró. Mi piel se estremeció al oírla decir eso y, como si aquello fuera posible, me hacía tener más ganas que antes de enterrar mi polla dentro de ella. Su mano comenzó a moverse con suavidad desde el inicio de mi m*****o, dándole leves apretones. Tragué saliva y apoyé mi mano en la pared para sostener el peso de mi cuerpo. El placer me provocaba inestabilidad y Valdine era espléndida a la hora de complacerme. Bajé mi ropa interior hacia mis muslos para así darle libertad y que me tocara a como le diera la gana. Sus movimientos eran calmos pero firmes, como si supiera exactamente de qué iba todo esto. Era la primera vez que permitía que una mujer me tocara y las manos de la morena eran milagrosas. Sus movimientos comenzaron a ser más rápidos, provocando que me perdiera bajo su tacto, y empezó a dejar rastro de sus besos sobre mi pecho. Ella me hacía sentir como si estuviera en el cielo. Me transmitía una mezcla de paz, placer y furia, pero aquella última sólo cuando se comportaba como una niña inmadura. Ahora mismo, tenía a una mujer masturbándome como si estimularme y excitarme fuera algo que pudiera hacer con gran facilidad. Toda la sangre se encontraba acumulada en mi m*****o y no podía pensar en nada más que no fuera el goce que me estaba consumiendo. Mi respiración comenzó a acelerarse mientras ella continuaba con sus movimientos. —Vente —susurró. Mi vista se tornó borrosa y no pude contenerlo más. Mi cuerpo comenzó a enfrentarse a los espasmos provocados por la satisfacción y cerré mis ojos con fuerza. Me corrí en su mano sin piedad y sostuve el peso de mi cuerpo en el azulejo de la pared. Aquello se había sentido tan fantástico que parecía ser inverosímil. Me di tiempo a que mi respiración se normalizara y su cuerpo aún seguía entre el mío y la pared, con el agua cayendo sobre nosotros. Sin importar qué hiciera, jamás parecía saciarme de ella. Siempre me conformaba con solo follarme a una mujer y eso era todo, pero no era eso lo que me sucedía con Valdine. Es como si mi apetito se abriera con ella y me alimentara, y volviera a abrirse, y así sucesivamente. Jamás tenía suficiente de ella y esto apenas comenzaba. Llevarla a la cama y hacerla mía era el siguiente paso. Luego de algunos minutos, volvía a tener la polla erecta y sólo la aclamaba a ella. Otra vez rodeé su cintura con mi brazo y acerqué mi rostro al suyo para capturar su apetitosa boca, pero se apartó. Clavé mi mirada desconcertada sobre ella y me estaba viendo con una maliciosa sonrisa. —Vete —dijo. ¿Qué mierda? —Vete de mi habitación —repitió. Se alejó de mí por completo y cerró la regadera sin quitar su mirada de la mía. ¿Acaso me dejaría de esta forma... absolutamente excitado? —Como vuelvas a adentrarte a mi habitación sin mi permiso —comenzó a decir —, ni siquiera permitiré que me toques. Cubrió su cuerpo con una toalla y seguí su paso fuera del tocador. —Si te digo que me sueltes —mientras hablaba, recordé sus palabras hoy cuando tenía mi mano dentro de sus bragas —, lo haces. Sabía que ella no quería eso en realidad. Sus palabras decían aquello pero su mirada expresaba todo lo contrario. Sin embargo, no me opondría a lo que una mujer me pidiera, sin importar si me gustara o no. —Correcto. —Tendrás que aprender a controlarte si no quieres que nos vean follando sobre una mesa en la cafetería frente a todos —habló. Reí. Yo jamás permitiría aquello. Mis ganas porque nadie más que yo la viera desnuda era, por primera vez, más grande que mis deseos por tenerla. —No tienes idea de cuántas veces me he controlado contigo —le informé. Comencé a vestirme, ya que podía ver que no daría el brazo a torcer. Mi cabello estaba completamente mojado y mi ropa también lo estaría en tan solo unos segundos. —De cualquier forma, descuida. —Frunció su ceño sin comprender y sonreí divertido —. A partir de hoy, me controlaré como si no te deseara en lo absoluto. Ella me dio una mirada de "No te comportes como un idiota, sabes que no me refería a eso", pero entonces ella vendría a mí cuando tuviera ganas de follar y yo... Bueno, yo tendría que contenerme más que nunca. —Bien, haz lo que quieras —se rindió —. Ya veremos quién de los dos cae primero. Reí por lo bajo, sin poder creer que estuviéramos haciendo esto, y ella lucía más molesta que antes. La idea no le había agradado ni un poco, pero eso le enseñaría a no volver a dejarme con las ganas. Me moría de ganas por acercarme a ella y volver a probar aquellos labios por una última vez, pero aparté mi mirada y aclaré mi garganta. —Buena suerte —le dije y me fulminó con la mirada —. Que gane el mejor. —¿Ganar? —preguntó — Aquí no habrá perdedor y ganador. Cuán equivocada estaba. —Sí los habrán. Val cruzó sus brazos desnudos por encima de su pecho y entrecerró sus ojos. —¿Quién obtiene qué? Ella comenzaba a mostrarse más participativa y la chispa de la competitividad comenzaba a darse a relucir en sus ojos. —Que lo decida el ganador —sugerí. Elevó sus comisuras, complacida, y asintió —, Trato hecho —habló y su expresión seria regresó —. Ahora, fuera de mi habitación, perdedor. Le di un último vistazo a ella y a su atractivo cuerpo que no volvería a tener hasta nuevo aviso, y me marché de allí. Si alguien me hubiese dicho hace unas semanas atrás que Valdine sería la persona que me enseñaría sobre paciencia -o lo intentaría-, les hubiera dicho que Jensen sólo podía enseñarte a tragarte tus palabras. No porque debieras decir lo indicado con ella porque ni yo lo había hecho, pero debías saber qué temas no tratar. Si la cagabas, era mejor que te declararas muerto antes de que te golpeara el rostro con una bandeja de la cafetería. —¡Cailan! Su irritable voz me quitó de mis pensamientos pero la ignoré por completo. No permitiría que me arruinara el día con estupideces que no tenían sentido alguno. —Cailan —volvió a insistir, ahora cogiendo mi brazo, y me volteé a verla con rostro de pocos amigos. —¿Qué quieres, Gianna? —Ella inspeccionó con detenimiento mi cabello mojado y mi ropa que tampoco se encontraba totalmente seca. —¿Has caminado bajo la lluvia? —preguntó algo extrañada. Torcí los ojos y la fulminé. —No viene al caso —dije —. Si no me buscabas para nada importante, agradecería que me permitieras continuar con mi camino. Ella volvió a atrapar mi brazo bajo su mano y lo sacudí para salirme de su agarre. Sus ojos verdes se clavaron sobre mí y se me acercó. Comenzó a olfatearme como cual perro a un intruso en la casa de su dueño y la aparté de mí. —¿Qué hac...? —Estuviste con ella —espetó con rabia. Negárselo era estúpido porque ella creería lo que quisiera, pero era necesario para que no llegara a oídos de Gus y descubriera que me había importado una mierda la promesa que había hecho. —¿Qué piensas? —le pregunté al verlo jugar con las fresas en su plato de la cena. Últimamente, Broc había estado actuando muy extraño. Se lo veía tanto ansioso como distraído, y aquello no me daba buena espina. Él era la persona más atenta en todo sentido que conocía y este comportamiento no era propio de él. —¿Qué nos ocultas? —cuestionó Gus a mi lado y el rubio observó con sigilo a su alrededor como si temiera que alguien en la cafetería fuera a oírlo. —Yo... —largó un suspiro —. Me han asignado una misión. Fruncí mi ceño. ¿Una misión sólo a él? Jamás nadie había sido asignado a una si no era en grupo. —¿A costa de qué? —el moreno ahora descansó su espalda en el asiento de la silla y clavó su mirada sobre él — Las misiones son peligrosas, Broc, y lo sabes muy bien. Él esbozó una sonrisa con un tinte de tristeza y asintió. —No hay nada por lo que preocuparse. Sólo me ausentaré por unos días tras ello. Cuan idiotas habíamos sido ambos en creerle. Él había aceptado la misión sabiendo bien que no regresaría jamás. —¿Recibirás un viaje a Las Vegas? —bromeé —De ser así, llévame contigo. Él se echó a reír —, Para esta misión, tú serías la última persona a quien llevaría —dijo. Lo observé ofendido, preguntándome por qué demonios me haría algo como eso. —Que gran amigo que eres —espeté. —Aún no sé cuándo se llevará a cabo —nos informó. El día siguiente fue la última vez que lo vi. Él sí sabía a la perfección cuándo se marcharía... cuándo nos abandonaría. —¿Cuál es el objetivo de la misión? —lo interrogó Gus algo preocupado. Si fuera él, no lo estaría. Broc era muy sabio e ingenioso, sabiendo a la perfección qué le convenía o no hacer. Era de aquellos que podía cuidarse a sí mismo a la perfección. —Rescataré a Valdine Jensen —habló por lo bajo y clavé mi mirada sobre él. ¿La hija del líder de KEK? ¿Su mejor amiga de la que tantas veces nos había hablado? Esa no podía ser una simple misión... —¿Qué mierda dices? —lo regañé —Eso es demasiado arriesgado, Broc. No digas estupideces. —Arriesgado es poco —añadió el moreno —. Te estás metiendo en algo muy peligroso. Mi mejor amigo suspiró y volvió a darnos aquella sonrisa. Desearía haber notado que la tristeza en ella no era por extrañar a su amiga, sino porque sería su último día de normalidad; hablar con sus amigos, pasar el rato en la central, incluso comer un buen plato de comida. —Es un plan bien ideado por Gwendolyn, no hay nada por lo que deban preocuparse —nos intentó convencer y ambos bufamos. Cuando a aquel se le metía algo en la cabeza, no había quien lo hiciera cambiar de opinión. —Entonces... —comenzó a hablar Gus, quitándole importancia al asunto —, conoceremos a la muy famosa Val. Tan pronto dijo eso, Rowell clavó su mirada sobre mí. —¿Qué? —pregunté. Gus comenzó a reír y la seriedad se apoderó del rostro del rubio. j***r. Ni al recibir la conservación de mis padres sobre sexo se había sentido tanta tensión... —Ella no es cualquier mujer —comenzó a decir —. No sólo es mi mejor amiga, sino que también es alguien con quien no se puede jugar como a ti te gusta. —rRodé los ojos. —He oído tantas cosas sobre ella, que incluso ya la siento como una hermana para mí. —Su expresión se endureció y se acercó más a mí por encima de la mesa. —Tienes terminantemente prohibido tocarla en alguna forma insinuante. Ante su pauta, no pude evitar echarme a reír. Una niña mimada como ella no podía darme ni una quinta parte de lo que me daban las mujeres de aquí. Ellas sí sabían complacerme como a mí me gustaba. —Prométemelo —me ordenó —. Prométeme que no te la llevarás a la cama... Ni siquiera la besarás. Me senté erguido y aclaré mi garganta con una sonrisa segura. —Lo prometo. ¿Quién hubiese dicho que lo prohibido sería tan tentador que me llevaría a romper la promesa que había hecho con él? —Deja de alucinar —hablé. Su presencia ya estaba comenzando a estorbarme de sobremanera. —¿Cómo sabes de quién te hablo si no la he nombrado? —que cabrona. No apartaba su mirada de mí y comencé a caminar hacia mi cuarto. No tenía por qué tolerar este tipo de tonterías, y mucho menos si provenían de ella. —Cariño... —volvió a coger mi brazo al alcanzar mi paso. Me volteé ido y la enfrenté —, Te has obsesionado con el puto tema, Gianna —gruñí —. Déjame en paz. Ella se interpuso en mi camino y cogió mi rostro entre sus manos. —Ella no puede darte lo que yo sí —habló con una clara desesperación en su voz —. Resolvamos esto como siempre lo hacemos. Acercó su rostro al mío con el fin de besarme, pero la aparté. Ella me observó con rabia, derrotada. —Tus sentimientos han interferido —le dije mientras negaba con su cabeza y una expresión de rabia. —No, los tuyos lo han hecho —espetó y no pude evitar largar una carcajada. La aparté de mi camino y me alejé de ella. Sabía muy bien cuál era el único tipo de sentimiento que me permitía sentir hacia las mujeres como para no hundirme en aquella mierda sentimental. Luego de que Valdine me dejara con las ganas y que Gianna se apareciera con cuestionamientos estúpidos, necesitaba algo que mejorara mi día. Casualmente, divisé a Naya a lo lejos y sonreí. —¡Reyes! —se sobresaltó al oírme y me fulminó con la mirada. Se acercó a mí y golpeó mi pecho con su puño —, Idiota —gruñó —. Casi me matas del susto. Sus prominentes senos se daban a relucir con la playera que llevaba y me acerqué más a ella. Me observó algo extrañada y posó su mano sobre mi pecho. —¿Qué haces? —preguntó. —¿Tú que crees? —inquirí seductoramente. —Creí que tenías algo con Valdine. Mi cuerpo se tensó y rompí a reírme. Lo que tenía con ella era lo mismo que había tenido con Gianna; sólo sexo. Abrí la puerta de mi habitación y forcé una sonrisa. —No tengo absolutamente nada con ella —mentí. Por mucho que quisiera informarles a todos que ella sólo se acostaba conmigo y que esperaba que así continuara siendo, no podía darme el gusto. —¿Qué dices? Ella lo dudó por algunos segundos hasta que se adentró en mi habitación. Cerré la puerta detrás de mí con una sonrisa de victoria y ella comenzó a desvestirse con provocación, poniéndome el m*****o duro. Si yo obtenía mi satisfacción desde otras fuentes que no fueran con Valdine, estaba claro quién iba a ser el ganador y quién el perdedor