El sol ya iluminaba la habitación cuando desperté. Me estiré lentamente y miré a mi alrededor, notando que estaba sola. Leonardo no estaba. Me levanté y tomé una ducha rápida. El agua caliente me ayudó a despejar la mente y aliviar un poco la tensión en mis músculos. Me vestí con algo cómodo y bajé al jardín, donde los demás ya estaban desayunando. —Buenos días —dije al llegar. Leonardo se levantó de inmediato y me cedió su silla. —Siéntate aquí. —Gracias— Dije sin más. Diego sonrió con entusiasmo. —Ya sé las buenas noticias. Me alegra mucho que voy a ser tío. Le sonreí con amabilidad. —Gracias, Diego. Me alegra saber que todos están felices por la noticia. Leonardo me miró con una expresión seria.—No debiste levantarte tan temprano. Estarás unos días fuera del hospital hasta rec

