Cuatro meses han pasado desde aquella noche en que leímos el testamento de Leonardo. Cuatro meses en los que he tratado de seguir adelante, aunque el vacío que dejó en mi vida sigue doliendo como el primer día. Ahora tengo casi siete meses de embarazo, y mi vientre es una prueba viviente de que Leonardo sigue conmigo, de alguna manera. A pesar de que me dejaron las acciones del hospital, no me involucré en la administración. No tengo ni la preparación ni el deseo de hacerlo. Prefiero seguir trabajando como enfermera, como siempre lo he hecho. Cuidar a los pacientes me mantiene ocupada, me ayuda a despejar mi mente. Además, mi padre está mejorando cada día, lo cual es un gran alivio. Mientras reviso un expediente, Patricia se acerca con los brazos cruzados y me mira con desaprobac

