Entramos a la oficina y la puerta se cerró detrás de nosotros, Leonardo tomó asiento detrás de su escritorio sin decir una palabra en un principio.
Me quedé parada frente al escritorio con mis manos cruzadas hacia abajo, no entendía lo que estabas sucediendo.
—Toma asiento por favor— finalmente abrió su boca.
Tomé asiento como obediencia hacia él, no dije nada, me sentía impaciente, hasta que una vez más su boca se abrió.
—Este es un contrato— Dijo mientras me lo entregaba.
—¿Un contrato? ¿A caso venció mi contrato laboral?— Pregunté un poco confundida
Leonardo me miró fijamente antes de responder.
—Este es un contrato matrimonial— Contestó.
No pude evitar reírme, ¿Un contrato matrimonial?, me preguntaba en la mente.
—¿Qué debo hacerlo con esto?, lo pregunto porque no soy abogada, soy una enfermera quirúrgica.
Vi como Leonardo respiró hondo y bajó la mirada pero luego la sostuvo en mi.
—Dijiste que querías casarte, ahora te ofrezco un contrato por máximo dos años, quiero que seas mi esposa sólo de nombre— Finalmente dijo.
Mis ojos se abrieron más de lo normal, no podía creer la propuesta que estaba recibiendo, así que inmediatamente abrí el documento y vi que era real lo que Leonardo decía.
—Doctor pero usted se va casar con Rose— Fue lo primero que se me ocurrió decir.
—En ese contrato especifica que usted será mi esposa por máximo dos años, también no se deberá celarme, no podrá meterse en mi vida privada, no le importará con quien salgo o con quien me acuesto, no nos hablaremos de amor, no habrá sexo entre nosotros, usted solo será mi esposa de nombre— dijo resumiendo lo que decía en el documento.
Me quedé atónita al escucharlo hablar, aún me sentía un poco confundida, pero todo se iba aclarando.
—¿Qué pasó con Rose?, ustedes se iban a casar pronto— Pregunté con interés.
Leonardo se levantó de su silla y caminó hacia la ventana. —Lo único que tienes que saber es que estaremos separados pero que cuando ella regrese a mi, usted y yo nos divorciaremos— Respondió con cautela.
Me levanté de la silla con el documento en la mano, estaba muy asombra, aún no lo podía creer.
—Pero doctor, ¿En qué me beneficia esto?— Pregunté.
Leonardo se giró y caminó unos pasos hacia. —Le daré una cantidad jugosa de dinero, y además una vez nos divorciamos también obtendrá más dinero— Reveló.
Después de escuchar su respuesta, dejé los documentos en la esquina del escritorio.
—Lo siento, no puedo casarme con usted— Le dije sin más rodeos.
—¿Por qué no? ¿Tienes pareja?— Preguntó asombrado.
—No, no tengo pareja, pero es que esto sería como intercambiarme por dinero— Le respondí con el corazón latiéndome más de lo normal.
Leonardo entró sus manos en los bolsillos de su pantalón. —Muy bien, encontraré a alguien más— Dijo finalmente.
Leonardo caminó hacia la puerta, la abrió y extendió la mano dándome a entender que era momento de marcharme de la oficina.
Sin agregar nada más, salí. Cuando escuché que la puerta había cerrado detrás de mí, solté un suspiro de nerviosismo.
Me preguntaba ¿Qué rayos había pasado?, aún estaba en shock, asimilando todo lo que había pasado.
Cuando me disponía a entrar a una cirugía, recibí un mensaje de texto de Teresa, inmediatamente lo abrí.
“Estoy en el hospital con tu padre, no se ha sentido bien. Además el doctor dijo que hoy le darán quimioterapia, y que será más recurrente, será cada semana, por lo que el costo incrementará”.
Cuando terminé de leer el mensaje me quedé muy preocupada, pero no tenía espacio para pensar mucho tiempo, así que solo fui a asistir al doctor que me correspondía en el quirófano.
La cirugía fue larga, cuando salí finalmente del quirófano, ya eran más de las 6 de la tarde.
Después de dejar todo debidamente, fui al casillero por mi bolso. Me sentía exhausta.
Justo cuando iba a salir me encontré con Patricia, quien al ver mi cara supo que algo pasaba.
—¿Todo está bien?— Preguntó preocupada.
Respiré hondo antes de responder. —Teresa dijo que le darán más quimioterapias a mi padre mas seguido, eso significa que es probable que sea semanal— Dije.
—Quizás sea mejor para combatir el cancer de pulmón.
—Lo se, el problema es que tendré que pagar más dinero y no lo tengo, con tantos gastos a penas alcanzo al mes— Le respondí muy preocupada.
Patricia no dudó en abrazarme para consolarme. —Yo no tengo mucho dinero pero prometo que te ayudaré.
Le sonreí y recordé porque era mi mejor amiga.
—Gracias, pero creo que tengo la solución.
Patricia inmediatamente se puso feliz, pero nunca imaginó cuál sería esa solución.
—Leonardo, el doctor Leonardo me propuso matrimonio bajo un contrato y dijo que me dará dinero— Revelé.
Patricia no podía ocultar su asombro, se llevó sus manos a la boca y se quedó atónita.
—En el hospital que está mi padre lo atienden de maravilla, pero sé que aquí los atenderán mejor, además Leonardo es un buen doctor y quizás él pueda operarlo si las quimioterapias no funcionan.
—Estoy de acuerdo en lo que dices, pero ¿Casarte?.
—Si. Luego te veo.
Tomé finamente el bolso, salí rápido del casillero, entré al ascensor y apreté el botón que me llevaría al último piso.
Cuando el ascensor se abrió salí corriendo, pero mi rapidez me hizo tropezar con el cuerpo de alguien.
Caí al suelo sobre él y cuando levanté la mirada ahí estaba él, Leonardo.
—Acepto casarme con usted— Dije casi sin aliento.
Leonardo se quedó en silencio por unos instantes, luego, tomó un mechón de mi cabello y lo puso detrás de mi oreja.
—¿Qué la hizo cambiar de parecer?— Preguntó.
Cuando me disponía a abrir mi boca para responderle, el ascensor se abrió y una voz masculina resonó.
—¡Leonardo!.