La despedida

1010 Palabras
Salí del ascensor tan rápido se detuvo y caminé hasta la recepción. —Hola, me dijeron que el Dr. Winslet me solicitó— Dije tratando de ocultar los nervios que me invadían. —¡Si, puedes pasar, te está esperando!. La palabra “Te está esperando” me heló, camine lentamente como si no quisiera llegar, pero finalmente debía enfrentar mi destino. Abrí la puerta y ahí estaba él, verificando documentos que evidentemente eran de pacientes que tenía que ver con su especialidad en Oncología Quirúrgica. —Buenos días doctor— Dije con la mirada hacia el suelo. —Buenos días Leila, la mandé a llamar para saber si había llegado bien a su casa después de lo de anoche— Preguntó mientras se levantaba de su silla. Miré hacia los lados antes de responder, porque eso significaba que no había olvidado mi lado vergonzoso. —Si, llegué muy bien, gracias por preguntar— Respondí. Leonardo dejo su bolígrafo a un lado y levantó la mirada, sus ojos estaban fijamente clavados en mi.— Espero que no se case con el primer hombre que vea— Dijo dejándome sin palabras. Me sonrojé, sonreí sin poder controlarme, mis labios temblaban de los nervios. —No será con el primero, pero pienso que es mejor casarse joven y tener los hijos a temprana edad— Le respondí según mi criterio. Vi como Leonardo sonrió, y eso me hizo sentir más débil ante él. —Por hijos o matrimonio a temprana edad no debe tomar decisiones como esas. —Pues ya está decidido. Una mujer necesita a un hombre a su lado— Dije sin rodeos. Leonardo se levantó de su silla, caminó hacia mí en silencio, y luego se detuvo. —Aún eres muy joven Leila y espero que no tomes alcohol para encontrar al hombre que buscas. Antes de cualquier respuesta mire una vez más hacia los lados, mis mejillas se ruborizaron. Cuando intenté abrir mi boca, inesperadamente la puerta de la oficina se abrió. Una mujer con un porte imponente entró, y simplemente se abalanzó sobre Leonardo y lo besó. —¿Qué haces en la oficina de mi futuro esposo?— Preguntó Rose de manera cortante. —¡Solo vine por trabajo!— Le respondí. Rose se rio deliberadamente. —¿Trabajo?. Sé que estás enamorada de mí casi esposo. —Eso no es cierto, yo no estoy enamorada de su futuro esposo, de hecho también voy a casarme— Dije inesperadamente en mi defensa. Vi como Leonardo abrió los ojos ante mi respuesta, pero también vi como Rose se echó a reír. —Me da pena la persona que se case con una simple enfermera— Dijo intentado humillarme. No pude evitar reír y hacer un comentario que podría incluso poner en riesgo mi trabajo. —¡Que ridiculez!— Dije en voz alta. La sonrisa que tenía Rose en su rostro se desvaneció, y sin que lo viera venir, me dio una cachetada. Pero tan rápido sentí su mano en mi mejilla, le devolví la cachetada. —¡Deténganse!— Exclamó Leonardo a gran voz. Rose empezó a llorar a abrazar a Leonardo. —Ella me llamó ridícula, se merecía la bofetada, no puedes permitir que una empleada tuya me falte al respecto, debes despedirla— Pidió entre llanto. Cuando escuché la palabra “Despedirla” honestamente me preocupé, yo era quien pagaba los caros tratamientos del cancer de mi padre. —Leila eres muy buena en tu trabajo como enfermera quirúrgica, pero esto no lo toleraré— Dijo Leonardo con mucha seriedad. Los ojos se llenaron de lágrimas, estaba casi segura de lo que diría después. —Lo siento doctor, su futura esposa empezó, ella quería humillarme haciéndome sentir menso porque soy una enfermera— No dudé en responderle. Antes de que Leonardo pudiera responderme, Rose se puso frente a él, parecía más vulnerable de lo que realmente se veía. —Amor debes despedirla, no puedes dejar que agredan a tu futura esposa— Insistió. Leonardo hizo un corto silencio, escuché su respiración al respirar tan profundo. —Leila estás despedida, ve por tu cosas, en diez días puedes volver por tus prestaciones laborales— Finalmente dijo. Mi garganta se cerró, no fui capaz de emitir una palabra o algún ruido, simplemente me giré y salí de la oficina. Tan rápido al puerta se cerró detrás de mí, las lágrimas empezaron a emanar, me sentía en ese momento insuficiente. Me paré frente al ascensor para esperar que abriera, inesperadamente escucho la voz de Rose detrás de mí. —Querida nunca luches con alguien como yo porque siempre perderás— Dijo con un aire de grandeza. Justo en ese momento el ascensor se abrió y Rose entró, dio al botón y se marchó. Después de pocos menos de tres minutos, estaba entenado al ascensor, mis ojos estaban llenos de lágrimas. Fui hasta donde estaba mi bolso y luego me dirigí a emergencias donde trabaja Patricia. —¿Qué haces aquí?— Me preguntó Patricia. —Me despidieron, me despidieron— Le repetí. Patricia se quedó con boquiabierta, no esperaba una noticia como esa. —¿Por qué? ¿Hiciste algún procedimiento mal?. —No, pero hice algo peor, le di una bofetada a su prometida, pero ella me dio una bofetada primero— Le respondí tratando de en cierto punto justificarme. Patricia no sabía qué decir, se había quedado muda por unos instantes. Peor luego no dudó en reprender mi acción. —Leila no debiste hacer eso, debiste saber que te iba a costar el trabajo, ella es su futura esposa— Dijo Patricia y por supuesto que ella tenía razón. Me sentía frustrada, ahora sin trabajo, necesitaba buscar otro. Me despedí de Patricia, y salí del hospital con el corazón roto. Caminaba por la calle con decepción, Leonardo siempre defendiera a la mujer que ama y por supuesto que esa no era yo. No perdí tiempo y entré a otros hospitales que no eran ni la quinta parte de lo que era el hospital de Leonardo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR