Sus pequeños rasgos, su respiración tranquila, la manera en que sus manitas se cerraban en puños… Sentí un nudo en la garganta mientras estiraba la mano y acariciaba su mejilla con suavidad. —Es muy bonito —dije, sin poder evitarlo. —Se parece a su madre —dijo Rose con una pequeña sonrisa, aunque su mirada seguía mostrándose preocupada por mi reacción. Tragué saliva antes de preguntar. —¿Cómo se llama? —Fred. —Bonito nombre. Rose se quedó mirándome, pude notar que ella sentía que estaba sufriendo. —Si necesitas algo de mí, lo que sea, solo dímelo. Levanté la vista y negué lentamente. —Al contrario, si hay algo en lo que pueda ayudarte a ti y a tu bebé, no dudes en decírmelo. Rose dudó por un momento, como si estuviera pensando si debía aprovechar la oferta o no. —Bueno… Siendo si

