Punto de vista de Leila La expresión de Leonardo cambió por completo tras mis palabras. Sus facciones se endurecieron, su mandíbula se tensó y sus ojos me miraron sin parpadear. —No puedes estar hablando en serio —dijo con voz baja, pero llena de enojo. —No hay nada que nos impida divorciarnos —repliqué, sosteniéndole la mirada—. Olvídate de este bebé que espero. Leonardo soltó una risa seca, pero no era una risa divertida, sino una que me puso los nervios de punta. —Parece que sigues muy enojada por todo lo que dije en la llamada con el secuestrador. Mi cuerpo se puso rígido. No quería recordar esa maldita llamada, pero aún más, no quería que él pensara que todo lo que decía ahora era solo por venganza, y si lo era. —No importa lo que pasó —dije con voz segura—. Tú ya no importas p

