Narra Mackenzie. Uno de mis defectos es que me rindo muy rápido ante los problemas, quisiera tener esa voluntad y coraje de avanzar sin miedo a nada. Me he caído, y en vez de ponerme de pies, lo que hago es que me hundo y me arrastro aún más. Vi mi móvil tan lejos de mí y al no ver alternativas, solo me resigné una vez más; acepté que mi día acabaría mal. Dejé de forcejear y permití que aquel demonio me arrastrara. —¡Mackenzie! —grita Nelson desde afuera. Escuchar su voz me devolvió el aliento, fue como volver a poner mis pies en la tierra. Abro mi boca y muerdo la mano del señor Darío, el hombre se queja y aunque me golpea, no lo suelto, me aferro a sus dedos hasta que me tira a un lado. —¡Nelson! ¡Nelson, estoy aquí! —grito con todas mis fuerzas. —¡Mack! —responde Nelson desde a

