El Señor Oscuro

1913 Palabras

En la garganta de una cueva profunda y laberíntica, donde la luz del sol nunca se atrevía a entrar –un abismo de piedra húmeda y eco opresivo que olía a musgo podrido y azufre latente–, las sombras se movían con vida propia, no eran solo las siluetas alargadas de las estalactitas goteantes que colgaban como colmillos petrificados, sino las figuras retorcidas de criaturas susurrantes que se retorcían con impaciencia serpentina en los rincones negros, sus formas etéreas susurrando maldiciones en lenguas olvidadas que hacían que el aire vibrara como una membrana tensa. El suelo irregular estaba salpicado de charcos estancados que reflejaban fulgores verdosos de hongos luminosos, un resplandor enfermizo que iluminaba lo justo para revelar ojos amarillos parpadeando en la penumbra, un coro de s

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