Capitulo 39

1281 Palabras

Benedict Cavendish ​La bofetada aún me palpitaba en la mejilla, un recordatorio físico de que Savannah no estaba dispuesta a ser la muñeca de porcelana que el mundo creía que era. Pero verla ahora, enredada en mi cuerpo, con la respiración entrecortada y los ojos encendidos con esa rabia posesiva, era mucho más excitante que cualquier sumisión pasiva. ​Ella se movía sobre mí con una urgencia eléctrica. Sus manos, que antes se aferraban a mis hombros por necesidad, ahora recorrían mi pecho y mi espalda con una intención clara reclamar lo que ella consideraba su propiedad. Caminé un poco y la solté de mi tumbándola sobre la cama, pero antes de que pudiera retomar mi posición dominante encima de ella, ella se deslizó por encima de mí. ​—Tú eres mío —siseó contra mi boca, su voz era un hi

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