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1352 Palabras
Lucas condujo con tranquilidad por las calles poco transitadas a esa hora. Eran vacaciones de verano y casi todos los estudiantes de Archfiend salían a pasear a algún lugar que les permitiera presumir el primer día de clases. Todos disfrutaban de su tiempo libre, menos los jugadores de los Lobos Azules, ellos no se tomaban vacaciones y eso era lo que los hacía el mejor equipo de futbol americano. Esa mañana Navarro se estacionó cerca del campo de prácticas aprovechando la falta de autos. Todos los demás jugadores podían descansar por dos días mientras el castaño junto con el líder de la defensiva y los entrenadores hacían las pruebas necesarias para seleccionar a los nuevos miembros del equipo. A Lucas no le molestaba hacer eso, le parecía que podía aprovechar más su tiempo ya que su ansiedad lo castigaba si pasaba mucho tiempo sin hacer nada. Él tenía que mantenerse ocupado para sentir que no era un parásito para nadie. A demás de que su madre, una exitosa abogada, trabajaba todo el día y coincidían simplemente en las noches o en las mañanas si el castaño lograba despertarse temprano. Tomó su termo lleno de café, el único vicio que tenía, y entró por el gimnasio hacia la cancha. En las bancas ya estaban Jason, Samuel y Jackson conversando sobre algo que los hacía reír con ganas mientras los aspirantes en medio del campo se colocaban casacas de diferentes colores y números. Lucas se colocó sus gafas oscuras para protegerse de los tímidos rayos del sol que se asomaban y caminó hasta llegar con ellos. —Hey, Lu. ¿Cómo está tu brazo? — preguntó Jason. —Estoy bien— volvió su vista al campo— Son demasiados ¿No lo creen? —Recibimos más solicitudes este año— respondió Samuel— pero no tengo muchas expectativas. —Eso es cruel, entrenador— dijo Jackson con una sonrisa burlona— seguro dijiste lo mismo cuando Lucas y yo nos inscribimos. —Sí, lo hice. Jackson resopló y todos rieron. —Mejor nos damos prisa— hablo Jason mientras les entregaba una tablilla con listas que contenían el nombre de todos los chicos y sus números— va a ser un largo día. Todos asintieron. Cuando sonó el silbato los novatos comenzaron a jugar entre ellos, con los líderes del equipo observando cada uno de sus movimientos. Antes de llegar al medio tiempo, Lucas había eliminado de la lista a más de la mitad de los aspirantes. Jason les ordenó que se tomaran unos minutos libres mientras él y los otros tres chicos comparaban listas y reducían las opciones. —Vaya que eres exigente, Lu— dijo Jackson cuando miró sus hojas. — ¿Eso es malo? Necesitamos a los mejores jugadores. — ¿Qué hay de ti, Jackson? — preguntó Samuel— ¿Cuántos son aptos para la defensa? —Ciertamente, no muchos. Tal vez diez, quizá unos cuantos más, con mucho entrenamiento. —Bueno, creo que nuestras listas coinciden así que no creo que necesitemos más tiempo. Voy a llamarlos ahora—dijo Jason. Llamaron a los chicos por su número, dejando en el campo a veintidós jóvenes que habían sido seleccionados para formar parte del nuevo equipo. Mientras Jason y Samuel se quedaban dándoles instrucciones sobre la futura práctica, Jackson y Lucas se despidieron en el estacionamiento y cada uno regresó a su casa. Eran cerca de las cinco cuando el rubio entró a la sala. Se sentó en el sillón a mirar la televisión durante un par de horas, esa noche no era su turno de preparar la cena por lo que no tenía ningún pendiente. Cuando estaban por dar las ocho se dio cuenta de que el foco rojo del teléfono a su lado estaba parpadeando, anunciando un mensaje nuevo. Puesto que no había escuchado que sonara, supuso que estaba ahí desde antes de que él llegara. Hola, Lucas, amor, estoy marcando a tu celular, lo olvidaste otra vez en tu habitación, ¿Verdad? Preguntó la suave voz de su mamá, Navarro se revisó los bolsillos. Lo había olvidado. Espero que no olvides recoger la comida del restaurante, recuerda que te lo pedí en la mañana. El castaño se puso de pie con un salto. Cierran a las siete, así que anticipa tu tiempo. Te veré en la noche. Lucas tomó las llaves del auto y salió en una carrera mientras se regañaba mentalmente por ser tan olvidadizo. Condujo rogando porque el lugar siguiera abierto al tiempo que se mordía los labios de manera inconsciente. Al llegar al establecimiento golpeó el volante y echó la cabeza para atrás, estaba cerrado, y no había tomado su celular para preguntarle a su mamá que más podría comprar para cenar, por lo que regresó muy lentamente de vuelta a su casa. En el trayecto mordía sus labios y ocasionalmente sus uñas de manera inconsciente. Cuando llegó a su casa su madre ya estaba en medio de la sala mirando la televisión encendida. — ¿Acabas de regresar? — preguntó sorprendida. —No, yo...olvidé recoger la cena y el restaurante está cerrado —bajó la cabeza— perdón. Ella suspiró y se acercó para acariciar su cabello con suavidad. —Está bien, no pasa nada. Vamos a cenar afuera ¿De acuerdo? —Si... —Tranquilo, no es tu culpa. —Es culpa de quien me hizo así— su mamá rio. — Algún día podrás reclamarle. ¥¥ —Hey, tranquilo, la comida no se va a escapar. Lucas sonrió apenado y se concentró en masticar más despacio. Él estaba a punto de terminar su hamburguesa mientras su mamá llevaba casi la mitad. Tomó un trago de su refresco y miró hacia la calle. Solía comer desesperadamente cuando se sentía ansioso y eso era algo de lo que tampoco era consciente hasta que ya era demasiado tarde. Mientras esperaba a que su mamá terminara, se entretuvo comiendo papas fritas, a pesar de que se sentía satisfecho, seguía comiendo por el simple hecho de que las papas estaban frente a él. Cuando se dio cuenta de ello suspiró. —Mamá, quítame esto— le entregó la canasta con las frituras. Su madre las colocó a su lado. — ¿Cómo van las pruebas de tu equipo? —Bien, supongo— Navarro tomó un poco de su malteada— Mañana será el primer entrenamiento con ellos, ya se verá quienes son aptos. — ¿Y tu hombro? —Estoy bien, mamá, no voy a morir por eso. Ella asintió mientras comía una papa. —Mañana...Sabes qué día es, ¿Cierto? Lucas bajó la mirada. —Si, me saldré antes de la práctica. Pasaré por ti a tu trabajo. —Gracias. Su madre le sonrió y acomodó su cabello provocándole también una sonrisa. Cuando estuvo de vuelta en su habitación se puso su pijama, lo que era sólo un pequeño short azul y una playera sin mangas negra. Se metió bajo las cobijas y entonces recordó que no sabía dónde estaban las llaves de su auto. ¿Las había dejado en el pantalón? Si, claro que si. Ahí estaban. "¿Y si no?" dijo aquella voz "¿Qué pasa si las olvidaste en algún lugar y ahora mismo están robando tu auto? ¿Estás seguro de que están en tu pantalón? ¿Estás cien por ciento seguro, Lucas? ¿LO ESTÁS?" Se puso de pie con un movimiento y revisó los bolsillos de su pantalón; en efecto ahí estaban las llaves. Volvió a acostarse y cerró los ojos suspirando. "No preparaste tu mochila, ¿Planeas hacerlo en la mañana? ¿Qué pasa si tu despertador no suena y no tienes tiempo de prepararla? Entonces no vas a desayunar y en la práctica te vas a sentir mal. Levántate. Ahora." Con un gruñido de protesta se levantó otra vez. Se tardó media hora en preparar todo lo que iba a necesitar al día siguiente. Decidió preparar también la ropa que usaría, colocar una segunda alarma en el teléfono, verificar la batería, agregar otra alarma en el reloj de su buró y volvió a la cama.
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