CAPÍTULO TREINTA Y TRES Sam estaba acostado en la cama enorme de Kendra, tumbado desnudo sobre los cobertores más lujosos que jamás había visto. Ella estaba en sus brazos, y ambos estaban reclinados sobre un montículo de almohadas de seda. Él sentía como si hubiera muerto y subido al cielo. Nunca había estado con nadie remotamente parecido a Kendra y esperaba que pudieran estar juntos para siempre. Su mente daba vueltas al pensar en las implicaciones de lo que acababa de hacer. Realmente, la había convertido. Ella estaba allí, durmiendo pacíficamente con la cabeza sobre su pecho y para todo el mundo sería tal como había sido antes. Pero sabía que cuando despertara, ella sería diferente. Había cambiado para siempre. Estaba convertida. Era una de su especie. Así como Samantha lo había conv

