Algunos de ellos estaban muy bien dotados y tuve que frotarme mientras me lo hacían ahí para distraerme del dolor. Después de un rato, todas me habían dado por el culo. Les chupé la leche a algunas y me tragué lo que pude de su semen, pero no todas experimentaron mi talento para chupar. Algunas se volvieron a meter en mi coño o en mi culo. Se fueron todos uno a uno y yo cogí mi bata y me la puse. Salí y conduje a casa. Tom no estaba en el club. Al llegar a casa, me recibió en la puerta. Vio lo desgastado que estaba mi cuerpo cuando me quité la bata. Me levantó, me sentó en la mesa de la cocina y me metió la polla. "Cuéntame sobre tu noche, nena." Se lo dije y se corrió dentro de mí dos veces. No estaba más cerca de descubrir quién me chantajeaba que antes. Me pregunto qué humillante

