Me llevó a Mejillones. Hacía muchos años que no iba a ese lugar. Nos detuvimos frente a la iglesia Corazón de María y allí se estacionó. ―¿Te acuerdas cuando vinimos para acá cuando éramos chicos? ―me preguntó. ―Sí, tu papá nos invitó a mi mamá y a mí para conocer. ―Él la quería mucho, para él, tu mamá era como su hermana. ―Sí, siempre la quiso y la respetó mucho. ―Sí. Y me acuerdo... que en esa ocasión... ―habló como si me estuviera regañando―. Tú... te escapaste y te perdiste. ―¡Yo no me perdí! ―protesté―. Ustedes se perdieron. ―¿Nosotros? ―Se rio con ganas. ―Sí, pues, ustedes se perdieron, yo sabía que estaba en la iglesia. Yo les dije que quería ir. ―Sí, nos asustaste mucho. Martina nos dijo que lo más seguro es que estuvieras allí, que te gustaban mucho las iglesias.

