Paramos de nuevo en Copiapó. Era una ciudad más grande que Chañaral, era más parecida a Antofagasta. Allí pasamos a un supermercado, compramos algunas cosas para el camino y recorrimos un poco el centro de la ciudad. No mucho, solo paramos menos de una hora en total. Volvimos a reiniciar el viaje. Siguió manejando Rossana y con Daniel nos fuimos atrás. En ese momento, en el que el paisaje estaba cambiando, en el que se veía el campo, la vegetación; me di cuenta de que ya no volvería a mi ciudad, que ya no volvería a mi casa. Que estaba dejando todo atrás. Daniel apretó mi mano, yo me acerqué a él y me apoyé en su pecho. ―¿Sigues bien? ―Ahora se ve más real mi ida de Antofagasta. ―¿Te arrepientes? ―No. Solo que es complicado, igual es como triste. ―No sabía bien qué decir. ―S

