El lunes creí que Daniel me besaría, sin embargo, unos hombres lo estaban esperando en la oficina, hubo un problema en el campo y se tuvo que ir. A la hora de almuerzo, me avisó que tenía que ir a la ciudad, por lo que me ordenó que trabajara solo hasta media tarde y dejó a cargo a uno de sus hombres para que me llevara de vuelta a casa. Hacía mucho frío y la señora Rosa con su hija Julieta habían preparado sopaipillas y tenían mate, lo que agradecí mucho. ―El sábado es el cumpleaños de mi hermano ―comentó Julieta. ―Sí, ¿qué vamos a hacer? ―preguntó la señora Rosa. ―Podríamos hacerle una fiesta sorpresa ―propuso Julieta. ―¿Y cómo lo sacaríamos de aquí? ―consulté. ―Yo sé muy bien cómo ―dijo con tono cómplice la mamá y me miró. ―¿Yo? Pero yo quiero ayudar aquí. ―Es mejor que

